Archivo de publicaciones


ARCHIVO DE PUBLICACIONES (Clic para expandir/ocultar)

Clasificadas por categoría


Amor Crítica Descripción


Ética y moralidad Experimental Filosofía de vida


Gore/Sexo Instropección Muerte/Decadencia/Soledad


Parábola Random Terror/Oscuridad


Mis comienzos


Clasificadas por género


Relatos Diálogos Soliloquios


Metáforas Otros


Búsqueda personalizada


Buscar en la web Buscar en el blog


3 may. 2013

La lluvia siempre cae hacia abajo

El día que llueva hacia arriba saldré a la calle y bailaré sobre la lluvia.


Llueve. Y las gotas caen hacia el suelo. ¿Evidente? Es probable. Pero ¿y si cayeran hacia el cielo? ¿Y si las gotas de lluvia comenzaran de repente a salir de la tierra y ascender hacia las nubes? ¿Qué ocurriría entonces, lo habéis pensado?
Lo primero que yo me imagino es la sorpresa generalizada de la gente. Todos estarían totalmente desconcertados y el acontecimiento no cesaría de aparecer por activa y por pasiva en todas las cadenas de televisión; no sólo en los programas informativos, sino en cualquier mierda donde no tuviesen nada mejor de lo que hablar. Me atrevería a afirmar que incluso interrumpirían la programación habitual para ofrecer algún que otro especial. Algo así no se ve todos los días, ¿no?
Lo segundo en lo que he pensado es en que los paraguas ya no servirían para nada y las personas no tendrían, a priori, con qué protegerse de esta lluvia a la inversa. Eso supondría que muchos se quedarían en sus casas para evitar mojarse, por lo que en las calles apenas se vería un alma. Todos observarían maravillados la lluvia desde sus ventanas o a través del cristal de la televisión.
En tercer lugar, se me viene a la mente que, ante semejante acontecimiento, más de uno no podría evitar sentir miedo. Probablemente existiría una corriente de pensamiento más o menos extendida que creyera que se trataría del fin del mundo, y seguro que no faltarían tampoco los típicos pesimistas que parecen estar esperando la mínima ocasión de “peligro apocalíptico inminente” para suicidarse a la primera de cambio. También habría personas que aprovecharían la situación de desconcierto general para causar cuantos más caos y confusión mejor; éstos nunca fallan.
Y, por último, me imagino la pregunta que todo el mundo repetiría sin cesar en sus cerradas cabecitas: “¿Cómo es posible? Esto tiene que tener alguna explicación…” Porque todo en esta vida parece deber tener alguna explicación, es inconcebible que algo ocurra sin más o que alguien haga algo porque sí, ¿no? Siempre hay un motivo que lo justifica todo, y la gente no dejaría de buscarlo y de crear sus propias teorías e hipótesis mediante las que darían una justificación razonable y lógica de lo que estaría sucediendo. Algunos incluso las tomarían automáticamente por verdaderas, como si lo necesitaran para poder continuar con sus vidas.
Pero, siendo de verdad razonables y lógicos, ¿qué es exactamente lo que hay de razonable y lógico en el hecho de que la lluvia caiga hacia arriba? Nada. Porque, a diferencia de lo que el mundo pueda pensar, no todo en esta vida tiene o necesita una explicación. Hay cosas que, sencillamente, ocurren, a veces porque lo normal es que ocurran y otras… bueno, ¿quién sabe? ¿O es que acaso alguien podría saber por qué de repente empieza a llover hacia arriba?
Sin embargo, las personas son así. Rómpeles sus esquemas predefinidos y sus pequeñas mentes darán vueltas sin parar como ratitas desorientadas en un laberinto sin salida. Si una pieza no encaja en los monótonos puzles de sus vidas homogéneas e iterativas, todo su puzle se desarma entonces. A nadie se le ocurre pensar que quizá haya otros puzles distintos a los que ellos están acostumbrados o que la pieza, simplemente, no encaja en ninguno. No están preparados.
Y es que el mundo es así: un lugar en el que la gente se rige por la necesidad de que llueva hacia abajo, para poder coger sus paraguas y salir tranquilamente a la calle sin miedo a que las gotas de agua empiecen de repente y sin ningún motivo a caer hacia arriba y empapen de liberación sus pautas prefijadas.
Pero hay algo en lo que la gente no suele pensar, y es que, a veces, la lluvia también cae de lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario