Archivo de publicaciones


ARCHIVO DE PUBLICACIONES (Clic para expandir/ocultar)

Clasificadas por categoría


Amor Crítica Descripción


Ética y moralidad Experimental Filosofía de vida


Gore/Sexo Instropección Muerte/Decadencia/Soledad


Parábola Random Terror/Oscuridad


Mis comienzos


Clasificadas por género


Relatos Diálogos Soliloquios


Metáforas Otros


Búsqueda personalizada


Buscar en la web Buscar en el blog


16 may. 2013

Ghost walking


Nota: aunque inspirado por la canción de Lamb of God, el contenido de este escrito no tiene por qué corresponder con el de su homónima.


 Soy un fantasma que camina entre fantasmas, una sombra más oscura que la propia oscuridad, una muerte tan letal que ni la vida misma puede hacerme frente. Soy un fantasma que camina entre fantasmas.
En la vastedad de la noche, bajo la Luna resplandeciendo sobre la ciudad, camino entre sucias bolsas de plástico y malolientes contenedores de basura. Las calles están muertas y los edificios duermen. Las luces de las farolas titilan débiles, pero su brillo apenas es el reflejo de un ocaso prematuro.
Camino sigiloso, desapercibido entre los espíritus de la decadencia. Seres inconscientes y sin voluntad que bailan al son del tambor de la canción de la degeneración. Pom. Otro sorbo más. Pom. Bebida de reyes destronados, de dioses olvidados, de muertos que ríen y vivos que lloran su pérdida. Pom. Y se hace el silencio.
Camino sigiloso, desapercibido entre la decadencia de los espíritus. Otro más ha caído; otra víctima del veneno invisible del exceso, del amargo brebaje recorriendo sus venas como un virus erradicador. Me aproximo a él y me agacho junto a su cuerpo tumbado en el frío asfalto. Acerco mis labios a los suyos y expulso mi gélido vaho sobre su aliento alcoholizado. Incapaz de moverse, el adolescente cierra los ojos y su corazón toca un redoble estertor antes de detener la percusión. Pom.
Soy un fantasma que camina entre fantasmas. En la vastedad de la noche, bajo la Luna resplandeciendo sobre la ciudad, prosigo mi viaje entre sucias bolsas de plástico y malolientes contenedores de basura. Vuelvo la cabeza y echo un último vistazo al botellón. Mi nariz, asqueada, hace una mueca. El mundo apesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario