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18 sept. 2012

Vendetta. Capítulo 2, parte 6

NOTA: ésta es la parte 6 de Vendetta. Si aún no has leído las anteriores, haz click AQUÍ para dirigirte al principio o AQUÍ para acceder a la parte 5.

Advertencia: contenido explícito.

La mansión parecía totalmente desierta, algo que no contribuía a reconfortarme precisamente. Seguí deslizándome por el techo del pasillo; era el enésimo que recorría. Planta por planta, había rastreado a conciencia cada rincón de la enorme vivienda hasta llegar a donde ahora me encontraba: el sótano.

En esta zona no había luces o estaban apagadas, pero eso no me supondría ningún problema. ¿Jugaría el doctor en semejante desventaja? No hubo un sólo segundo desde que llegué a la vivienda en el que no sospechara de una trampa. Tal vez él también leyó el periódico y previó mi llegada. O quizá esa noche simplemente no estaba en casa. Como fuera, no podía cometer el error de confiarme.

Alcancé la puerta al final del pasillo. Estaba cerrada. La abrí y la empujé de un lenguetazo. Observé desde la distancia. Había un hombre. Un hombre en un rincón. Aun en la más completa oscuridad, parecía sentir mi presencia. Olí su miedo. Entré.

No había nadie más en aquella sala. Cerré la puerta tras de mí. Eché el pestillo y desenvainé la katana. Volví el rostro hacia él. Ocultos entre las sombras de la habitación, dos ojos aterrados me observaban sin pestañear.

Vendetta…

* * *

—Discúlpeme, doctor, pero yo no lo veo tan claro como usted…

—Tú no tienes por qué ver nada. Sólo limítate a hacer lo que te he dicho. Mañana por la mañana quiero que esa noticia aparezca en la primera plana de todos los periódicos nacionales, impresos y digitales.

Leí la nota a máquina que el científico me había pasado: “Descubierto el supuesto paradero del maletín robado del museo hace cinco meses…”

—¿De verdad cree que esto dará resultado?

—Que Assassin sea un asesino no significa que no lea los periódicos, ¿no?

—Pero…

—Te contaré una cosa… Stalker es el perfecto ladrón y un acechador como ningún otro; Assassin es un asesino nato. Stalker es la criatura a la que jamás vas a poder encontrar; Assassin es la criatura a la que jamás vas a querer encontrar. Por separado, cada uno en su especialidad, son buenos, muy buenos; pero juntos, trabajando bajo mis órdenes, eran sencillamente impecables.

“Bajo mis órdenes, Stalker era el encargado de las tareas de investigación: averiguaba todo cuanto le pedía de la persona que le pidiera. Y, cuando esa persona dejaba de serme útil, le cedía el testigo a Assassin. Pero, cuando Stalker nos traicionó, tuvimos que encontrar el modo de hacer nosotros su trabajo. El proceso se entorpeció demasiado: ahora Assassin debía realizar una tarea para la que no estaba nada preparado.”

“Fue entonces cuando cometí los dos errores más graves de mi vida: lo adiestré para ser un asesino tan sigiloso como letal y lo instruí para prepararse por sí mismo el terreno de sus asesinatos. Y, lo que es aún peor, lo enseñé a enseñarse.”

“Assassin comenzó a alejarse paulatinamente de nuestros objetivos en común, a dejar de servir a nuestro propósito, y desarrolló una creciente y cada vez más absorbente curiosidad hacia todo lo relacionado con la raza humana. Quería averiguar todo cuánto pudiera de nosotros y para ello se sirvió de los métodos de investigación y las técnicas de sigilo e infiltración que yo le había enseñado y que él mismo había acabado aprendiendo por su cuenta.”

“Assassin se volvió demasiado peligroso y había que acabar con él, pero se nos anticipó. Nos traicionó y huyó. Y, aunque han pasado ya muchos años de eso, yo sé que Assassin nunca ha cesado en su búsqueda de conocimientos sobre la raza humana. Desconozco cuál será su límite o con qué propósito lo hace, pero que lo hace es algo de lo que no me cabe ninguna duda.”

“Y su interés en el maletín es el hecho que lo prueba. Por eso, sea lo que sea lo que contiene, hay que impedir que caiga en sus manos: quizá nosotros no sepamos nada sobre ese maletín, pero es posible que Assassin sí. Así que mi plan, como ya habrás imaginado, no es robarle el maletín a Stalker para conservarlo nosotros, sino para usarlo como cebo y acabar definitivamente con Assassin.”

—Y, dígame, ¿cómo piensa usted matarlo?

—Yo no pienso matarlo. De eso te encargarás tú.

Miré fijamente al doctor, sin comprender.

—Confía en mí, todo saldrá según lo planeado. Tú sólo asegúrate de que esa nota que tienes ahora en tu mano esté mañana por la mañana en la de Assassin, ¿de acuerdo?

* * *

Vendetta…

La luz se encendió.

What the hell…?

—Es la última palabra que el doctor me pidió que te dijera antes de enviarte al Infierno.

El hombre, dibujando una sonrisa de superioridad en el rostro, me mostró la estrafalaria pistola que sostenía en la mano y me apuntó con ella un segundo antes de apretar el gatillo.

Estupefacto y enfurecido, me abalancé con toda la agilidad que logré reunir, pero fue demasiado tarde. Un estallido infernal abrasó por completo la mansión mientras el ayudante del doctor, tan desconcertado como yo, lanzaba con su último aliento de vida un colérico grito de rabia y rencor.

—¡¡MALDITO TRAIDOR!!

* * *

Con el maletín en mi poder, me detuve frente al coche y volví la vista atrás. Del viejo edificio que Stalker había usado durante meses como guarida sólo quedaban ahora los escombros. Saqué las llaves del bolsillo y abrí el vehículo con una mueca agridulce en el rostro. A pesar del desgraciado incidente de mi pérdida auditiva, mis planes habían salido a pedir de boca.

El ingenuo de mi ayudante había estado haciéndome el trabajo sucio durante meses sin siquiera sospechar que acabaría traicionándolo. Sin duda, nos facilitó mucho las cosas… ¿Cómo puede una persona ser tan confiada y estúpida? En veinticuatro horas no quedaría rastro de él ni de Assassin.

Introduje el maletín en el asiento del copiloto y comprobé que no había nadie en los alrededores. Suspiré, me dirigí al maletero y cogí un paño. Me limpié la sangre de los oídos y tiré el trapo manchado de sangre.

Estaba a punto de cerrar el maletero y entrar al vehículo cuando una inesperada imagen hizo palidecer de súbito mi rostro. A mi lado apareció como de la nada una hermosísima mujer de ojos verdes y pelo provocadoramente recortado cuyos delicados y sugerentes contornos serían capaces de levantar hasta el más impotente de los falos.

Su penetrante mirada no dejaba de examinar mi semblante ensangrentado mientras su mano izquierda sostenía esa vieja pistola que tanto tiempo había ansiado su venganza.

Vendetta.

Sin mostrar un ápice de piedad, esbocé una sonrisa de satisfacción antes de volarle los sesos con mi Desert Eagle. Introduje el cadáver en el maletero y cerré; ya tendría tiempo de deshacerme de él más adelante. Mi prioridad en estos momentos era huir, esconderme donde ellos no pudiesen encontrarme. No sé cuánto tiempo tardarían en enterarse de lo sucedido, pero, para entonces, yo ya debía estar lo suficientemente lejos de su alcance.

Lo importante en estos momentos es que todas las piezas estaban donde debían estar y el maletín, a salvo en mis manos. Tal y como había sido planeado desde un principio.

* * * * * *

—El V-Zero ya está en mi poder.

—No esperaba otra cosa de ti. Tráelo cuanto antes.

—Estaré allí en tres horas.

3 sept. 2012

Vendetta. Capítulo 2, parte 5

NOTA: ésta es la parte 5 de Vendetta. Si aún no has leído las anteriores, haz click AQUÍ para dirigirte al principio o AQUÍ para acceder a la parte 4.

Advertencia: contenido explícito.

Con el maletín en mi poder, abandoné el viejo edificio donde Stalker yacía inconsciente en el suelo. Caminé hasta situarme a una distancia prudencial y, sin mirar atrás, extraje el control del bolsillo. Presioné el botón. A mis espaldas, una atronadora explosión removió los cimientos de la tierra.

Desafortunadamente, yo no pude escucharla. Furibundo y frustrado por la irreversible pérdida de mis capacidades auditivas, lo único que me reconfortaba era que por fin había logrado dar con aquel maldito maletín. Pero ¿qué cojones contenía exactamente? Fuera lo que fuese, no tardaría en descubrirlo.

* * *

Llegué al lugar. Encaramado a un poste de alta tensión y oculto entre las sombras de la noche, analicé la situación. Dos furgones policiales se encontraban detenidos frente a las ruinas mientras cuatro agentes, linternas en mano, buscaban entre los escombros alguna pista sobre el paradero del maletín.

Por desgracia para ellos, habían llegado en el momento menos oportuno. Me solté del poste y corrí a ocultarme tras uno de los vehículos. Ninguno se percató de mi presencia. Extrajé del cinto las dos katanas. Giré la cabeza y miré a través de la ventanilla abierta. Uno de ellos estaba a tiro.

Di un salto. Los cogí a todos por sorpresa. Caí junto al más cercano, cercenándole el cuello antes de que pudiera saber qué había ocurrido. Sin darle al siguiente tiempo de reaccionar, me abalancé sobre él y le hundí ambas hojas sobre la base de la nuca.

Una sucesión de disparos desgarró el silencio de la noche. Los dos agentes que quedaban con vida habían sacado sus pistolas dispuestos a vaciar sus cargadores sobre mi cuerpo invulnerable. Necios. Me acerqué con parsimonia, regodeándome, al más próximo.

Liberé mis garras y le atravesé con ellas todo el torso desde el vientre hasta el cogote. Con saña, prendí su débil cráneo y lo oprimí hasta hacerlo reventar. Los sesos se disgregaron irremisiblemente bajo la palma de mi zarpa letal. Arrojé su cadáver mutilado sobre las cenizas de la tierra calcinada y me volví hacia la última presa.

Visiblemente aterrado e incapaz de pronunciar una sola palabra, el policía dejó caer el arma y alzó las manos en señal de rendición. Sonriendo con deleite, di un paso adelante y le aprisioné la cabeza. Lo levanté del suelo y zarandeé como una muñeca de trapo antes de lanzarlo con violencia contra uno de los furgones.

Pathetic humans…

Tras quitarme de en medio a esos cuatro estorbos, aún tuve que pasar un buen rato removiendo escombros hasta que finalmente conseguí hallar un indicio. Un más que interesante indicio. Vagando por senderos inexplorados siguiendo un destino desconocido, llegué inesperadamente a una carretera asfaltada llena de señalizaciones que me conducían a un lugar de sobra conocido.

Bajo uno de tantos cascotes resquebrajados encontré un fragmento medio descompuesto de un material que a ojos humanos resultaría irreconocible, pero que para mí era tan familiar como mis propias manos. Y es que, de hecho, se trataba del mismo material del que se componía todo mi cuerpo.

—Stalkerr…

Y solamente había una persona en todo el mundo que sabía cómo destruir ese material.

Been a long time, comrrade…

* * *

—Si me permite la pregunta, doctor, ¿para qué cree usted que pueden querer Assassin o Stalker el maletín?

El doctor me lanzó una mirada furtiva y guardó silencio durante unos segundos antes de responder.

—Ya que has sido mi fiel ayudante durante todos estos meses, te confiaré un pequeño secreto… No podría decir cuál es con exactitud el contenido de ese maletín, pero, de acuerdo con mis investigaciones, sea lo que sea lo que contiene, puede suponer un peligro para la humanidad. Así que la respuesta a tu pregunta es bastante obvia: Assassin planea usar el maletín con fines egoístas, poniendo más que probablemente en peligro la raza humana, y Stalker, protegernos de Assassin.

—Un momento… Si Assassin piensa usar el maletín contra nosotros y Stalker sólo pretende protegernos, ¿por qué quieres arrebatarle el maletín a Stalker?

—¿Cuánto tiempo crees que podrá conservar Stalker el maletín antes de que Assassin lo encuentre, lo mate y vuelva a robárselo?

—¿Y cuánto tiempo podremos conservarlo nosot…?

—Además… Si realmente hay algo en ese maletín que puede poner en peligro a la raza humana, ¿no crees que lo más justo es que sea la propia raza humana la que se encargue de su custodia?

—Discúlpeme, doctor, pero yo no lo veo tan claro como usted…

* * *

Horas después llegué a la mansión. El doctor debía de estar en el interior, quizá durmiendo. Sin embargo, varias luces aún permanecían encendidas, así que no podía bajar la guardia; al fin y al cabo, me encontraba en el hogar del único ser humano que sabía cómo acabar conmigo. Debía actuar rápido y pasar desapercibido.

* * * * * *

Después de tanto tiempo, “por fin había logrado dar con aquel maldito maletín. Pero ¿qué cojones contenía exactamente? Fuera lo que fuese, no tardaría en descubrirlo.” El momento del desenlace se acerca. No te pierdas el lunes 17 la sexta y última parte de Vendetta.