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30 jul. 2012

El manipulador

“Dicen que tengo aires de triunfador, pero lo cierto es que tengo un vendaval. Puedo hacer lo que quiera, cuando quiera, como quiera y con quien quiera. Y si no te gusta, apártate de mi camino o yo mismo te apartaré. ¿Violencia? No… No es mi estilo.”

-¿Te importa si me siento a tu lado?

-Siéntate, si quieres.

-¿Tú quieres?

-¿Intentas ligar conmigo?

-Sí.

-Resulta patético.

-Lo sé.

-Entonces no lo intentes.

-Tal vez si lo intento te haga cambiar de opinión.

-Seguro que sí.

-¿Ves? Ya nos vamos entendiendo.

Silencio.

-Oye, déjame hacerte un truco de magia, ¿vale?

-¿Un truco de magia? Seguro que con eso impresionas a muchas chiquillas de instituto…

-Venga, déjame intentarlo al menos…

-Y después te largas.

-Prometido.

-Pues adelante. Si consigues que cambie de opinión, te invito a una cerveza.

-Si lo consigo, esta noche me invitarás a algo más que a una cerveza…

Me remangué dejando las muñecas al descubierto y le enseñé las manos vacías a la señorita.

-Nada por aquí… Nada por allá…

La miré unos segundos hasta que nuestros ojos se encontraron. Durante un instante la mujer pareció sentirse ligeramente mareada.

-¿Estás bien?

-Genial.

-Dime… ¿Vendrás esta noche conmigo a mi hotel?

-Claro.

Sonreí.

-Encantado. Por cierto… ¿Mi cerveza?

Salimos de la taberna. En el exterior, una bruma densa exhalaba su frío hálito sobre la ciudad desnuda. Las farolas emitían una luz tétrica, pero su brillo apagado se disipaba entre las olas de la calina. Apenas podíamos ver. Estreché con el brazo la cintura de la chica y juntos caminamos por las aceras desiertas de los suburbios. Llegamos a un ruinoso motelucho que apestaba a orines e invité a la señorita a entrar.

-Buenas noches, señores, ¿una habitación para dos?

-Y una Carbonara con mucho picante, por favor. Ah, y no escatime con el queso.

-¿Me estás vacilando, chaval?

Busqué su mirada.

-Tal vez. Es que, verá, tengo una habitación reservada desde esta tarde. He venido personalmente a su motel, me extraña que no me recuerde…

-¡Ah, sí! ¿Cómo he podido olvidarlo? Disculpa, muchacho, no sé dónde tengo la cabeza. A ver… Sí, toma, ésta es vuestra habitación, la 209.

-Muchas gracias. Ehm… Por casualidad no tendrá usted champán por aquí, ¿verdad?

-Champán me temo que no… Pero tengo unos vinos exquisitos, si queréis.

-Perfecto. ¿Nos haría el favor de subirnos los dos más caros que tenga?

-Desde luego. ¿Cuándo os parece bien que os los lleve?

-Si pudiera subirlos ahora mismo sería fantástico.

-No hay problema.

-Perfecto. Eh… Una cosilla más…

-¿Sí?

-A estos vinos invita la casa, supongo.

-Por supuesto, no podría ser de otro modo.

-Muchas gracias, señor… Antón. Es usted un gran hombre.

“Como ya dije al principio, puedo hacer lo que quiera, cuando quiera, como quiera y con quien quiera. Puedo conseguir todo cuanto desee en el momento en el que lo desee. Y, sin embargo, me falta algo. Algo que llevo toda mi vida buscando desesperadamente. He recorrido cientos de pueblos, cientos de ciudades… Pero, sencillamente, no logro encontrarlo.”

Arranco el coche. Siempre la misma historia. Llego a un lugar nuevo, afloran mis esperanzas y malgasto todo mi tiempo buscando algo que no puedo encontrar. Y así hasta que cae el sol. Viajo a tantos sitios como puedo hasta que, en la oscuridad de la noche, mis esperanzas se sumergen en el mismo profundo vacío de siempre, la misma ruinosa desesperanza que todos los días me arrastra hacia la misma jodida perdición.

Y entonces amanece. Comienza una nueva etapa de mi trayecto sin fin. Cojo mi coche y me pierdo. Y todo cambia. En estos cuatro asientos no hay lugar para el vacío o la desesperanza. Únicamente estamos mi coche y yo. Los dos solos, sin un rumbo fijo y con toda una autovía para conducir con plena libertad. Sin señales de Stop ni límites de velocidad. En mi propia Autopista al Infierno.

-¡¡Livin’ easy…!! ¡¡Lovin’ free…!! ¡¡Season ticket for a one-way riiiiiide!! Nananá… ¡Sí, baby! ¡¡Don’t need reasons!! ¡¡Don’t need rhyme!! ¡Ouh, yeah! ¡¡My friends are gonna be there too!! ¡¡¡I’m on a hiiiiiiiiighwaaaaay to hell!!!

Cuando viajo no necesito más. El tanque lleno de gasolina y ganas de berrear mi libertad a los cuatro vientos. Mi máxima expresión personal de lo que significa ser libre. Y cuando me quedo sin combustible… Bueno, paro y reposto. No me cuesta nada, es gratis. Free, como dirían los ingleses.

-El tanque lleno, por favor.

-En seguida.

Me bajo del vehículo y entro a la gasolinera. Cojo varias bolsas de patatas fritas, unas cuantas cervezas sin alcohol y un par de tentempiés más. Salgo y lo dejo todo en el asiento del copiloto.

-Disculpe, señor, tiene que pasar por caja.

-Perdona, no llevo dinero encima.

-Oh, no se preocupe entonces, yo lo pondré de mi bolsillo.

-Muchas gracias, chico, eres muy amable.

“¿Que qué es ese algo que busco con tanta desesperación? Si os soy sincero, no tengo ni pajolera idea. ¿O es que acaso pensáis que si realmente lo supiera me costaría tanto encontrarlo? No… Recorro el mundo en busca de algo que no sé qué es, confiando en que algún día daré con él. Ésa es mi vida.”

Después de un día de viaje con un par de paradas tan inútiles como de costumbre, llego a un pueblucho rural con pintas de estar medio abandonado. Aquí pasaré la noche. Dejo mi Impala del 67 delante de un bar y entro. Me acerco a la barra, pido una cerveza sin alcohol y me fijo en una hermosa muchacha sentada en una de las mesas.

¿Qué queréis que os diga? Sé que no es lo mismo llevarme varios aperitivos sin pagar de una gasolinera que usar a una pobre muchacha para llenar mi vacío. Pero, joder, mi vida es frustrante… Todos los putos días buscando sin cesar algo que, por algún motivo que aún no llego a discernir, soy incapaz de encontrar. Así que ¿qué queréis que os diga? Necesito aliviar mi malestar.

-Vaya… ¿Qué hace una belleza como tú en un sitio como éste?

-No lo sé… ¿Qué hace un imbécil como tú en un sitio como éste?

-¿Yo? Invitar a una chica guapa y borde a mi hotel.

-¿Siempre eres así de subnormal?

-Todo el rato.

-¿Y te sirve de algo?

-Siempre.

-Vale… Pues a mí déjame en paz.

-Está bien… Pero antes permíteme que te haga un truco de magia.

-¿Un truco de magia? Tío, qué patético…

-Sí, lo sé. No es la primera vez que me lo dicen.

-Ni será la última.

-Bueno, lo tengo asumido.

-Bien por ti… Pero si eres un desgraciado no lo pagues conmigo, ¿vale?

-No soy un desgraciado. Tengo todo lo que quiero: mi coche, gasolina de sobra, muchos más sitios de los que jamás podría llegar a visitar…

-Y, sin embargo, estás aquí hablando conmigo.

-¿Y?

-Obvio.

-No tanto.

-Tienes un problema.

-¿De veras?

-¿Qué pasa, no te das cuenta?

-No… Pero veo que tú sí, así que ¿por qué no me iluminas?

-Como quieras… Tu problema es que te pasas la vida buscando algo que probablemente nunca encontrarás, sin darte cuenta de que tienes mucho más de lo que realmente necesitas. Y ¿sabes qué es lo peor? Que ni siquiera te hace falta encontrar nada, porque ya lo tienes… Lo que buscas está en el camino.

23 jul. 2012

Vendetta. Capítulo 1, parte 2

NOTA: ésta es la parte 2 de Vendetta. Si aún no has leído la parte 1, haz click AQUÍ antes de proseguir tu lectura.

Advertencia: contenido explícito.

—Dios, sí…

Con los ojos en blanco y las caderas temblorosas, me corrí por tercera vez mientras mi vecino continuaba follándome. Me mordí el labio inferior y aguanté varios segundos más el orgasmo hasta que él, agotado, eyaculó también. Me desplomé sin aliento sobre las sábanas deshechas mientras él se dejaba caer a mi lado.

—Qué maravilla…

—Ídem, nena…

Relajé los músculos. Con el pensamiento aún medio ausente, cerré los ojos y suspiré.

—¿Por qué no te quedas a dormir y mañana me das los buenos días?

—Porque mañana es lunes y tengo que trabajar.

—Mierda…

—No pasa nada, por la…

Un ruido ensordecedor nos devolvió bruscamente a la realidad. El cristal de la ventana se quebró con violencia y el marco voló en pedazos hasta el otro extremo de la habitación. Asustada, no pude más que soltar un alarido de terror cuando una horripilante silueta se dibujó entre las penumbras.

Wherre is el maletín?

Grité de nuevo.

—That no me sirrve. Wherre is el fucking maletín?!

—¡Mi novio! ¡Lo tiene mi novio! ¡Yo no sé nada, lo juro!

Then tu novio has to die.

La criatura se giró hacia mi vecino, que, desconcertado y aterrado, no lograba apartar su mirada de ella.

—¡Él no es! ¡No es mi novio!

Se volvió hacia mí, cabreado.

Don’t make me perrderr el tiempo! Dime, mujerr, wherre the fuck is tu novio?!

—¡En su casa! Hace un rato que se ha ido, debe de estar ya allí…

And wherre does tu novio vive?

—A dos calles de aquí, en el número 24… Tercer piso…

Perrfect… But you two have to die anyway.

Ningún humano que me hubiera visto podía seguir con vida. Me acerqué a su lecho de amor y extrajé de mi cinto las dos katanas. Sonreí maliciosamente y di un paso adelante.

* * *

Recostado sobre el cojín raído que había encontrado la pasada noche, le di la última calada al cigarrillo que aquel amable viandante había tenido en bien ofrecerme. Levanté la lata de aceitunas que usaba como plato limosnero y comprobé con cierta frustración que no contenía más que unos míseros céntimos.

El estómago me rugió; llevaba horas sin comer nada y estaba hambriento. De nuevo, otra noche que tendría que buscarme la vida entre cubos de basura. Suspiré. Abatido, tomé la lata con las monedas y la guardé en mi fajo mientras me ponía en pie. Estaba a punto de largarme cuando la puerta principal de un edificio contiguo se abrió.

Del interior salió un muchacho joven al que ya había visto en más de una ocasión, pero del que esta vez algo llamó mi atención: el maletín estrambóticamente ornamentado que portaba. Me quedé observándolo fijamente y el chico me dirigió una mirada recelosa. Pasó por delante de mí y caminó varios metros más hasta un contenedor de basura no muy lejos de allí.

Sin apartar la mirada del maletín, contemplé sorprendido cómo el chico abría el contenedor y lo arrojaba en su interior antes de cruzar la carretera. Lo vi perderse por una callejuela oscura y me acerqué con curiosidad al lugar donde se había deshecho de su exótica posesión.

Abrí el maloliente basurero y tanteé hasta dar con el maletín. Lo agarré y miré hacia todas direcciones. No había nadie alrededor, así que lo extraje con cuidado y lo apoyé con delicadeza en el suelo.

Apenas acababa de agacharme frente a él para intentar abrirlo cuando una voz fría y hueca, aunque extrañamente amable, retumbó en mis oídos.

—Disculpe, señor, pero ese maletín me pertenece a mí.

* * *

Me abalancé con agilidad sobre mis víctimas y rebané sus cabezas de una tajada. Complacido, saqué mi lengua viperina y recorrí sus cuerpos desnudos, dispuesto a disfrutar del suculento festín que me brindaban. Liberé mis garras retráctiles y atravesé de una embestida el abdomen de la chica.

Extraje la columna vertebral y la arrojé al suelo mientras clavaba mis colmillos en su cuello cercenado. Trituré con avidez su cuerpo ensangrentado y me relamí antes de pasar al chico. Lo analicé durante unos instantes y, con el mismo deleite repulsivo con que había empalado a la joven, escindí su espalda de un zarpazo.

Le arranqué la columna y la hice astillas. Clavé entonces mi mandíbula sobre su cogote impregnado en sangre e ingerí con fruición su carne mutilada. Con el apetito saciado ahora, me incorporé y eché un vistazo a la calle. Desde el edificio de enfrente varios contornos se perfilaban tras las ventanas cerradas, sin duda intentando averiguar de donde procedía todo el estrépito. Por fortuna para ellos, los ojos humanos no pueden atravesar la oscuridad.

Consciente de que ya había perdido demasiado tiempo, avancé hasta el enorme hueco de la ventana y, entre sombras, me volví hacia la cabeza decapitada de la chica.

—Tu novio neverr debió tocarr that maletín.

* * * * * *

¿Qué contiene el extraño maletín? ¿A quién o a qué pertenece la “voz fría y hueca, aunque amable” que ha sorprendido al mendigo? ¿Encontrará nuestra misteriosa criatura finalmente al novio de la chica y el preciado maletín? Tercera parte de Vendetta ya publicada AQUÍ.