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22 jun. 2012

Paranoia

Escrito rescatado del baúl de los recuerdos.

—Hola.

—Hola.

—¿Qué tal?

—Bien, ¿y tú?

—Bien.

—Me alegro.

—Y yo.

—Yo más.

—Vale.

—¿Quieres que hagamos algo?

—No.

—¿Segura?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque no sé quién eres.

—Soy Gio.

—Vale.

—Ahora sabes quién soy.

—No. Sólo sé tu nombre.

—Y ¿qué más quieres saber?

—Nada.

­—¿Por qué?

—Porque no, eres un pesado.

—¿Te estoy molestando?

—Sí.

—Lo siento.

—No pasa nada.

—Sí que pasa. ¿Puedo hacer algo para compensarte?

—No.

—¿De verdad? Porque me sentiría mejor.

—En ese caso puedes dejar de hablarme.

—No, no puedo.

—Pues te elimino del msn.

—No puedes.

—¿Ah, no?

—No.

—¿Por qué?

—Porque ni siquiera te he agregado.

—O me has agregado y no me acuerdo.

—Sabes que no.

—Ah, ¿no? ¿Entonces cómo es que estás hablándome?

—No te estoy hablando.

—¿Me estás vacilando?

—No.

—Venga ya, paso de ti.

—No puedes.

—¿Qué me lo impide?

—Que no sabes cómo puedes estar hablando conmigo si nunca nos hemos agregado.

—Eso me da igual.

—No te da igual.

—¿Tú qué sabes?

—Yo sé todo lo que piensas.

—¿Y qué pienso ahora?

—Que llevo razón y que estás asustada.

—Vale, muy bien, ahora dime cómo lo haces.

—Yo no hago nada, eres tú.

—¿Perdón?

—Yo sólo soy un producto de tu imaginación.

—¿Y por qué iba yo a imaginarme a alguien como tú?

—Porque no puedes controlarme.

—Si eres un producto de mi imaginación puedo hacer lo que quiera contigo.

—No. Tú sólo haces que exista.

—No te sigo.

—Una vez que tu imaginación me ha creado, yo existo por mí mismo.

—Mira, déjame en paz ya, ¿vale? Ahora sí que me estás asustando.

—Aún no te he dado motivos.

—Tu existencia es un motivo.

—No lo es.

—Para mí sí.

—Entonces esto te va a cagar.

—¿El qué?

—Eso.

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