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30 may. 2012

El reflejo del iceberg

Un barquero navega por un mar lleno de icebergs. Alegre, silbando, mueve su remo de delante hacia detrás, a un lado y al otro lado, a un lado y al otro. Dirige su mirada hacia la superficie del agua, pero no se preocupa por lo que hay debajo. Tan sólo ve el reflejo de un cielo despejado.

28 may. 2012

Sueño

El chico despertó. Estaba tumbado en un campo de hierba fresca. Enfrente y a su derecha, decenas de árboles configuraban un exuberante bosque de lozana apariencia. A su izquierda, un río cristalino serpenteaba por la llanura, alejándose en la distancia hasta perderse en un manso océano de aguas translúcidas. Y a sus espaldas, una extensa cordillera de grandes colinas custodiaba los rayos áureos de un Sol cálido y acogedor.

El chico se levantó y miró en derredor. No sabía dónde estaba ni cuándo había llegado allí, pero tampoco le importaba. Aquel lugar le transmitía una agradable sensación de tranquilidad y bienestar que le bastaba, y le sobraba, para apaciguar todas sus preocupaciones y sus miedos.

25 may. 2012

Y los sueños, sueños son

Suena la alarma del móvil. Abro los ojos, alargo la mano y la paro. Te beso en la mejilla y te doy los buenos días. Me los devuelves y te desperezas. Me preguntas la hora. Son las siete. Nos levantamos y me abrazas. Junto a mi oído suena un “Te quiero”. De mis labios escapa otro.

Desayunamos y vamos al cuarto de aseo. Nos desvestimos y entramos en la ducha. El agua cae sobre nuestros cuerpos desnudos. Acaricio el tuyo de seda fina mientras recorres el mío con tus manos de porcelana. Nos susurramos palabras de amor.

Salimos a la calle. Hace frío. Me acerco y estrecho tu cintura contra la mía. Te beso la frente. Sonríes y apoyas tu cabeza en mi hombro. Te abrazo. De nuevo, nos queremos. Y nos miramos. Nos volvemos y caminamos. Los dos juntos. Un solo ser.

Quedamos para comer. Doblo la esquina y te veo en la distancia. Me acerco y deslizo mis manos por tus caderas. Te sobresaltas. Te giras y sonríes. Te quiero. Tú también me quieres. Nos abrazamos y nuestros labios se buscan.

Vamos a un restaurante. Pedimos nuestra comida y esperamos. Me cuentas tu día. Te hablo del mío. Recuerdo una anécdota graciosa. Nos reímos. Me miras. Te miro. Me sonríes. Te sonrío. Llega el camarero y deja nuestros platos. Comemos. Están fríos.

Paseamos por el parque, conversando sobre todo, sobre nada. Te sientas en un banco y me llevas contigo. Me dejo caer a tu lado. Sonreímos. Te acaricio. Me besas. Tomo tus manos entre las mías. Nos miramos. Y el tiempo sigue avanzando. O no.

Terminamos de cenar y nos sentamos. Ponemos una película. Te acurrucas junto a mí y te tomo entre mis brazos. Juego con tu pelo. Apoyas tu cabeza en mi pecho. Dejo caer la mía sobre la tuya. Y vemos la peli. ¿De qué iba? No tengo ni idea.

Vamos al dormitorio y buscamos un hueco entre las sábanas. Hacemos el amor. Con ternura. Con pasión. Te quiero. Me quieres. Nos besamos. Nos acariciamos. Nos abrazamos. Y dormimos.

Suena la alarma. Y despierto.

18 may. 2012

El precio de una sonrisa

Camino por la calle, a paso tranquilo, ensimismado. De pronto, veo en un portal un gato que me devuelve la mirada. Nos quedamos observándonos fijamente el uno al otro. Yo sigo avanzando, sin detenerme. Él permanece sentado. Entonces maúlla. Y sonrío.

Camino por la calle, a paso tranquilo, ensimismado. De pronto, veo en una esquina a un hombre tocando el xilófono. Ha terminado una canción y está a punto de comenzar otra. Lo miro. Está concentrado en su música. Toca esa melodía que hacía tantos años que no escuchaba. Y sonrío.

Camino por la calle, a paso tranquilo, ensimismado. De pronto, veo en la acera un perro que se ha alejado de su dueño. Le gusta curiosear todo. Huele el zapato de un viandante. Se para a mirar un trozo de pastel en un escaparate. Husmea una farola cercana. Levanta una pata y la orina. Y sonrío.

Camino por la calle, a paso tranquilo, ensimismado. De pronto, veo en una tienda a una madre con su hijo pequeño. Salen. La madre lleva varias bolsas de ropa. El niño, una piruleta en la mano. Empieza a hablar con gran entusiasmo. Le explica a su madre por qué Spiderman es mejor que Batman. Y sonrío.

Camino por la calle, a paso tranquilo, ensimismado. De pronto, veo en un parque una paloma que picotea migajas de pan. Pasa una señora por su lado. La mira, se aleja presurosa y vuelve a picotear sus migajas. Pasa un hombre mayor por su lado. Lo mira, se aleja presurosa y vuelve a picotear sus migajas. Paso por su lado. Me mira, se aleja presurosa y vuelve a picotear sus migajas. Y sonrío.

Camino por la calle, a paso tranquilo, ensimismado. De pronto, veo en un banco a un joven distraído. Se levanta e inicia su andadura. Va paseando delante de mí. Vuelve la cabeza y mira a un vehículo. Hay un bordillo poco más adelante, pero no repara en él. Da un pequeño traspié. Y sonrío.

Camino por la calle, a paso tranquilo, ensimismado. Llego a mi edificio. Subo a mi estudio. Dejo la mochila en el sofá y me acerco a la nevera. Abro una cerveza sin alcohol. Pienso en todas esas pequeñas tonterías sin importancia que hacen la vida importante. Y sonrío.

11 may. 2012

Ciudad de nadie

En recuerdo de los damnificados por los terremotos de Lorca, 11/05/11

Y en homenaje a la propia ciudad de Lorca, mi ciudad natal e inspiradora de este escrito, cuyas calles he recorrido con mi coche en más madrugadas de las que mi memoria es capaz de recordar.


Son las cinco de la madrugada. El cielo está despejado. No hay Luna y tampoco estrellas. Pero en la ciudad dormida no queda un rincón sin luz. En mi coche, sin prisas, recorro sus calles. Abandonadas, solitarias, custodios imperecederos de una memoria olvidada.

Calles llenas de historias, de magia. Magia oculta en las historias de una ciudad que sueña hasta el amanecer. Como un cuadro, un paisaje surrealista que abraza los límites de la realidad. Pinceladas suaves, trazos difusos, que esbozan el contorno de una ilusión.

Y en mi coche, sin prisas, recorro sus calles. Embaucado por la oscuridad de la noche, seducido por el resplandor de las farolas; un juego de luces y sombras que embrujan mi mirada. Una fantasía soñada bajo las sábanas del universo, sobre el lecho del mundo… En la ciudad de nadie.

7 may. 2012

12 balas

¿Cuántas balas puede recibir un corazón humano antes de morir? Una pregunta simple con una respuesta simple: si la bala alcanza una zona crítica, ninguna. Ni una sola bala. Siendo así, ¿cómo es posible sobrevivir a doce?

Podría decir que la distancia temporal. No es lo mismo recibir doce disparos en siete segundos que recibirlos en un intervalo de catorce años. Sin embargo, ¿cómo es posible sobrevivir a doce balas que han alcanzado, todas, zonas críticas del corazón?

Y la respuesta no podría ser más simple: es imposible. Pues llevo muerto desde la primera bala.