Archivo de publicaciones


ARCHIVO DE PUBLICACIONES (Clic para expandir/ocultar)

Clasificadas por categoría


Amor Crítica Descripción


Ética y moralidad Experimental Filosofía de vida


Gore/Sexo Instropección Muerte/Decadencia/Soledad


Parábola Random Terror/Oscuridad


Mis comienzos


Clasificadas por género


Relatos Diálogos Soliloquios


Metáforas Otros


Búsqueda personalizada


Buscar en la web Buscar en el blog


4 abr. 2012

Siete años (El espejo)

Me levanto de la cama. Voy al baño y me miro en el espejo. Mis ojos somnolientos me observan fijamente, yo les devuelvo la mirada. Por primera vez en mi vida llaman mi atención. Hay algo tras ellos en lo que nunca había reparado; me doy cuenta de que son tan desconocidos para mí como yo mismo.
Intento adentrarme en el mundo que mis ojos han proyectado para mí. Estoy en una sala oscura y vacía. De pronto se enciende una luz y los amplios ventanales se abren de par en par. La sala es ahora luminosa y compruebo que no está del todo vacía. Hay un espejo.
Un espejo enorme en el centro de la habitación. Me acerco cauteloso y lo miro, pero no puedo ver mi reflejo. No puedo ver nada, el cristal es completamente opaco. Extiendo la mano y acaricio la superficie con los dedos; es cálida, agradable al tacto.
Entonces una imagen se dibuja en ella. Hay un niño, un niño sonriente de unos siete años que juega con un camión lleno de coches. Está en una especie de cocina antigua. A su espalda hay un frigorífico, una mesa y un par de sillas. Sentados en ellas, una pareja de ancianos lo contempla con afecto.
La imagen desaparece y ahora el niño se encuentra en una sala de estar amplia, sentado en un tresillo junto a un hombre que parece estar escribiendo algo en una libreta. Son sumas. El hombre deja el bolígrafo a un lado y le entrega el cuadernillo al niño, que, afanoso y decidido, le echa un vistazo antes de comenzar su tarea.
De nuevo, la imagen se desvanece tras el cristal. En esta ocasión otro hombre se enfrenta, en una placetuela al aire libre, a un pequeño escorpión que lo amenaza con su aguijón en alto. No muy lejos de él, el niño, un par de años menos niño, observa fascinado la escena.
La imagen vuelve a disiparse y aparece el mismo salón de antes. Hay ahora una mujer muy mayor sentada en un sofá. No deja de hablar. El niño, ya adolescente, la mira y vuelve la cabeza hacia su libro. No parece que las palabras de la anciana alcancen a tener sentido.
La imagen se evapora y el cristal recupera su opacidad. Atrapado aún bajo su superficie, quiero volver a sentir su calidez. Alzó la mano para acariciarlo de nuevo, pero la retiro enseguida. Está helado.
De pronto, una violenta ráfaga de viento se cuela por los ventanales abiertos. Incapaz de resistir su azote, el espejo se desploma ante mí. Lo observo derrumbarse y escucho el ensordecedor ruido del cristal quebrándose en miles de diminutos pedacitos.
Me acercó lentamente y miro su superficie. Ha dejado de ser opaca y ahora puedo ver mi reflejo. Mi reflejo quebrado en miles de diminutos pedacitos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario