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27 mar. 2012

Dreamaker

“Hola, me llaman Dreamaker. Y no, no es que tenga la capacidad de fabricar sueños. Los sueños debéis fabricarlos vosotros. Me llaman así porque soy capaz de hacer, make, realidad los sueños, dreams. Sí, vale, falta un real, pero supongo que ‘Realdreamaker’ no suena demasiado bien. Y tampoco terminaría de entenderse.”
“Pero bueno, dejemos de lado cómo me llaman o el por qué de tal apelativo. No es mi nombre lo que importa, sino mi don. Un don que estáis a punto de conocer.”

-Disculpe, señor, ¿me puede decir qué hora es?
-Claro, son las… doce y veinticinco, casi y media.
-Muchas gracias.

El tren debía de estar a punto de llegar a la estación. No había mucha gente esperando, así que probablemente tampoco viniese con muchos pasajeros. Mejor. Las personas me incomodan. Es decir, yo también soy una persona, pero me refiero a las demás personas. Siempre me miran cuando paso por su lado. Imagino que les resulto un tanto extravagante, pero la verdad es que me hacen sentir incómodo.
Miré de nuevo al señor sentado junto a mí. Me devolvió la mirada. Le sonreí tímidamente y volví la cabeza hacia otro lado. En ese momento escuché la bocina del tren. El hombre se levantó y cogió una pequeña maleta que había dejado en el suelo. Se acercó a las vías y se apoyó en uno de los pilares que sostenían la cubierta exterior de la estación.
Lo imité mientras contemplaba al tren recorrer lentamente los últimos metros hasta la parada. Se detuvo y las puertas se abrieron. El hombre entró. Esperé un poco y lo seguí. Se introdujo en un vagón vacío y se reclinó en un asiento junto a la ventana. Hice lo mismo. Sacó un periódico doblado que llevaba en uno de sus bolsillos y comenzó la lectura. Yo dirigí mi vista hacia el exterior hasta que la máquina se puso de nuevo en movimiento.
Me giré hacia el señor del diario y me levanté. Me dejé caer a su lado y lo saludé de nuevo.

-Buenos días.

Me observó fijamente con una mirada taladradora. Parecía algo sorprendido, o quizá molesto.

-Perdona, chico, estoy leyendo el periódico. No me apetece conversar.
-Oh… Es que… tengo algo importante que decirle.

Volvió a perforar mi rostro.

-Disculpa, ¿te conozco de algo?
-Ups, perdone… ¿Dónde están mis modales? Puede llamarme Dreamaker, encantado. Y usted es Samuel, si no me equivoco.
-¿Cómo demonios sabes tú mi nombre?
-Debo saberlo.
-Dime, ¿para quién trabajas? Eres un detective privado, ¿verdad?
-Podría decirse que soy freelance, trabajo por mi cuenta. Pero no soy un detective privado. Si lo fuese, me limitaría a hacer mi trabajo sin que usted se percatase siquiera de que estoy a su lado. No, mi ocupación es algo distinta.
-Te lo advierto, joven, si en los siguientes treinta segundos no me has dado una explicación satisfactoria llamaré al revisor del tren.
-Más que una explicación, le contaré lo que sé sobre usted. Sé que tiene un sueño desde los diecisiete años. Un sueño que siempre ha deseado cumplir.
-¿Cómo coño has averiguado…?
-Eso no importa. He venido a ayudarle.
-Mira, no sé quién eres ni de dónde has sacado esa información, pero será mejor que salgas de este vagón y me dejes seguir leyendo tranquilamente mi periódico durante lo que queda de viaje, ¿entendido?
-¿Y si le digo que cuando salga de este tren podrá usted cumplir su sueño?
-Te diría que estás loco y llamaría al revisor.
-Entonces será mejor que lo haga.
-Escucha, chaval, déjame en paz, ¿vale? Han pasado ya más de treinta años de eso, así que no me vengas ahora con cuentos chinos.
-Usted sólo recuerde mis palabras: cuando llegue a su parada y se baje hará todo lo posible por cumplirlo. Y sé que al final lo logrará.
-Eso tal vez sea lo que ocurra dentro de tu mente trastornada, pero la realidad es que cuando llegue a mi parada y me baje, cogeré un autobús y me olvidaré de ti y de que esta conversación ha tenido lugar.
-Me temo que no podrá.
-¿Ah, no? ¿Qué es lo que te hace pensar eso?
-Nada en especial. Simplemente lo sé.

Me analizó con detenimiento mientras le sonreía con amabilidad. Quiso replicar, pero en ese momento un aviso por megafonía desvió su atención. Una simpática mujer nos informó de que estábamos llegando a la próxima estación.

-Creo que éste es su destino. También el mío, aunque nuestros caminos se separarán al bajar.

No dijo nada, así que me levanté. Abandoné el vagón y me acerqué a las puertas. Cuando el tren finalmente se detuvo, el hombre salió al andén. Miró hacia ambos lados, pero yo ya no estaba allí.

“Mis palabras, por algún motivo que desconozco, tienen la virtud de hacer que las personas luchen por sus sueños. Tan sólo debo acercarme a alguien y hablarle de ellos para que, poco después, esa persona comience a perseverar en la realización de su sueño hasta que logra cumplirlo.”
“Os asaltarán ahora quizás un par de preguntas. ¿Cómo sé yo que los sueños de la gente se cumplen? O ¿cómo soy yo capaz de hacerlos realidad? Y las respuestas son muy sencillas: para la primera, ellos mismos me lo dicen al cabo de un tiempo y, para la segunda, yo no hago nada.”
“Sí, yo no hago nada y sí, soy consciente de que al hacer esta afirmación estoy contradiciendo lo que dije al comienzo de este escrito, pero, siendo justo, son las propias personas las que los hacen realidad. Yo únicamente les doy un ligero empujoncito.”
“¿Que por qué lo hago? Pues porque puedo, simplemente. Además, no me cuesta nada. Aunque sí es verdad que muchas veces me hace sentir mal. ¿Por qué? Muy simple: muchos dicen de sí mismos que son unos inútiles y casi nunca es cierto, pero en mi caso sí lo es; no sé hacer otra cosa que no sea ayudar a hacer realidad los sueños de los demás. Sí, vale, es posible que sea una tarea bonita y que, aunque sólo sepa hacer eso, al menos sé hacer algo, pero yo no lo veo así…”
“Desde mi punto de vista, no hace falta tener un don para ayudar a cumplir los sueños de la gente. Cualquiera puede hacerlo. De hecho, como ya os he comentado antes, son las propias personas las que los hacen realidad, no yo. ¿Qué ocurre entonces? Pues que mucha gente no tiene la suficiente confianza en sí misma como para lanzarse a cumplirlos.”
“Pero ¿qué sucedería si cada persona creyese en su propio potencial y fuera consciente de sus posibilidades? Pues que yo ya no serviría para nada. El trabajo que yo llevo a cabo no tendría sentido entonces, ya que cada cual lo realizaría por y para sí.”
“Pensad en alguien que conozcáis, o en vosotros mismos, alguien que tenga un sueño y que no se esfuerce en cumplirlo porque no cree que pueda lograrlo. Su sueño se perderá y con el paso del tiempo no quedará más que el recuerdo.”
“Ahora imaginad que ese alguien tuviera la suficiente confianza en sí como para decidirse a luchar por su sueño. Salvo que se tratara de algo imposible, el trabajo y la perseverancia terminarían por dar sus frutos y tarde o temprano acabaría cumpliéndose.”
“Sin embargo, esto no ocurre demasiado a menudo, y es que la gente tiene la sensación de que no merecerá la pena luchar por algo que realmente no están seguros de poder lograr. La lástima es que es precisamente eso, seguridad en sí mismos y en sus propias capacidades, lo único que necesitan.”
“Si os soy sincero, me siento frustrado. ¿Por qué? Pues porque yo también tengo un sueño, un sueño que, irónicamente, soy incapaz de cumplir. Mi sueño es que todas las personas descubran a su propio Dreamaker, que todas luchen por sus sueños sin que nadie tenga que intervenir para ello, haciendo valer simplemente su propia confianza.”
“Y ahora vosotros objetaréis: ‘Pero si eso ocurre tú serás un inútil y no servirás para nada.’ Sí, lleváis razón… Pero al menos vosotros habréis hecho realidad vuestros sueños, y eso es algo por lo que merece la pena sacrificarse.”

19 mar. 2012

El jardín de Dios

“Hola, soy un chico creyente, religioso y practicante, y, aunque a priori pueda parecer que esto no necesita explicación, os la daré. Soy creyente porque creo en Dios, soy religioso porque tengo una religión y soy practicante porque cumplo con todos sus dogmas. ¿Evidente? Tal vez.”

Después de remolonear un buen rato, me levanté de la cama, me duché y desayuné. Cogí mi mochila y me teletransporté a la biblioteca de la facultad. Pregunté por el libro que necesitaba y lo hice levitar hacia mí. Dejé todas las cosas en una mesa y busqué mentalmente la página por donde me había quedado la tarde anterior.
Esa semana nos habían encargado en clase un trabajo para entregar el próximo lunes. La tarea en sí no era demasiado larga, pero había que profundizar bastante y eso complicaba un tanto las cosas. Creo que el profesor debió dejar más tiempo. No por mí, a mí no me supondía ningún problema, sino más bien por mis compañeros.
Cuando terminé daban las doce y media. Devolví el libro a su estante y me teletransporté de nuevo, esta vez al supermercado. Cogí un carro al entrar y, sin moverme, lo cargué con todo lo que necesitaba. Intenté llevarlo hasta mi estudio, pero recordé que no podía hacer eso. Pasé por caja, lo metí todo en las bolsas y, ahora sí, me aparecí con ellas en mi salón.

“Dios vive en un jardín. Es un jardín precioso. O al menos el de mi Dios lo es. Hay muchas religiones y muchos dioses, así que supongo que cada cual tendrá su propio jardín, y cada jardín sus rasgos propios. El de mi Dios está bastante bien cuidado, y no lo digo porque sea el mío, realmente lo está.”

Terminé de comer y dormité un poco en el sofá antes de ponerme los auriculares y bajar a la calle. Me habían entrado ganas de dar un paseo y el tiempo era bastante agradable, así que decidí que sería un buen momento para relajarme después de una dura semana de estudio.
Hubieron de pasar más de dos horas hasta que me cansara de andar. Durante ese tiempo debí haberme alejado bastante de la urbanización, pues había llegado a una zona que no había visto nunca. Pero no me importó; a menudo la mejor caminata es la que te lleva por senderos desconocidos.
Me elevé sobre el suelo y comencé a planear por el cielo desnudo mientras contemplaba el paisaje bajo mis pies. Sonreí ante la agradable sensación de verme perdido en un lugar para mí ignoto y me lancé en picado hacia una casa. Esquivé su tejado centímetros antes de tocarlo y atravesé por en medio un par de árboles cercanos.
Me gustaba mucho hacer cabriolas en el aire, o, más que eso, la sensación que me provocaba. La sensación de libertad. Sin duda, la más agradable. Comencé a reír. Me encantaba aquello. Volví a ascender, ahora más alto, y me recosté sobre un lecho invisible mientras me dejaba mecer plácidamente por la suave brisa de la tarde.

“Dentro de su jardín Dios es, valga la redundancia, el Dios. Puede hacer cuanto quiera, en el momento en el que lo desee y del modo en el que le apetezca, y no hay nada ni nadie que puedan impedírselo. Es decir, salvo sus propias limitaciones. Pero dentro de ellas es capaz de hacer lo que le parezca oportuno.”

Llegué al Centro Comercial cuando ya casi era de noche. Franqueé las puertas y me acerqué hasta la cartelera del cine. Después de un buen rato de indecisión frente a la taquilla no excesivamente buena de esa semana, finalmente escogí una película. Pagué la entrada y fui a la tienda de golosinas.
Con el poco dinero que me quedaba, compré lo necesario para acompañar las dos siguientes horas de esparcimiento y me di una vuelta por los alrededores mientras esperaba a que comenzase la proyección. Le eché un vistazo a los escaparates de unos cuantos comercios, pero sólo uno me llamó la atención.
Dentro había videojuegos para aburrir. Miré un buen número de ellos y pensé en varios que me gustaría tener, pero para los que no me alcanzaba el dinero. Lamentablemente, mi economía me obligaba a ser bastante selectivo a la hora de escoger mis caprichos. Y en aquel momento yo ya tenía decidido el mío para Navidad, así que ese establecimiento era para mí como un museo.
Salí de allí queriendo jugar con mi Nintendo 3DS, pero, tras echarle un vistazo al reloj, me di cuenta de que sólo faltaban unos minutos para que empezase la película, así que volví y le mostré mi entrada al acomodador. Me encaminé a la sala 3 y me senté en la butaca para dejar volar el tiempo.

“Cada Dios tiene su propio jardín y también sus propias limitaciones. Sin embargo, hay algo que todos los dioses comparten: fuera de su terreno las restricciones son las mismas para todos. En otras palabras, cada Dios lo es dentro de su jardín, pero deja de serlo cuando sale de él.”

Tras finalizar, pude decir que la película no me desencantó, aunque tampoco me emocionó demasiado. Salí a la calle dejando atrás todo el ajetreo del Centro Comercial y emprendí el relajante vuelo de vuelta a mi estudio. Enseguida estuve allí, cené, vi un par de capítulos de Arrested Development y me metí bajo las cálidas sábanas de mi cama. Había sido un día bastante agradable, así que esa noche dormiría como un santo.

“Y hasta aquí la breve descripción de mi vida, la única religión que profeso. Sí, soy un chico creyente, religioso y practicante; soy creyente porque creo en mí, soy religioso porque tengo unos ideales de vida y soy practicante porque cumplo con todos sus dogmas.”

14 mar. 2012

Sapere homini non facit neque volare aves faciunt

*El saber no hace al hombre ni las aves el volar
Experimental.

La historia contar voy a de una paloma que no volar sabía. La paloma un día de su casa para ver en el cine de su ciudad una película salió, pero de eso antes se maquilló y vistiose oportunos ropajes con. Un rato buen el camino anduvo por, pues no vehículo con el que ir poder tenía ni lo llevara nadie que.
-Llegas tarde como siempre, paloma.
Por la casa vacía encontrarse sorprendida, al tejón supuso surgídole la paloma habría que algún imprevisto y el cine prosiguió hasta su paseo. Al local varios llegó más minutos tarde, aún los motivos cavilando sobre que tener su amigo pudo para su palabra a faltar, cuando, sorpresa su para, esperando la puerta vio en al tejón.
-Esta vez yo he llegado puntual, tejón, pero tú no estabas en tu casa.
La paloma se para por la casa del tejón su amigo pasar de su ruta desvió, quien, con la condición de él que la película elegiría que viesen, le prometido había que al cine esa noche acompañaríalo. Pues al timbre cuando llegó llamó la paloma, pero respondiole nadie no.
-¿En mi casa? Habíamos quedado a las nueve en la puerta del cine, paloma.
Rieron amigos dos los del cuenta al malentendido darse prometieron, para futuro en evitar otros el, sus pactar y quedadas mejor próximas. Solucionado problema vez el una, la pasaron taquilla a cine del, película eligieronla más atención que les la llamó las compraron y entradas.
-No, tejón, a las nueve en tu casa.
* * *
La princesa delfín de los mares había sido raptada por un malvado buitre y llevada hasta la sala más elevada de una tenebrosa torre sita en la cima de una inaccesible montaña. Pero una valerosa águila, haciendo gala de sus increíbles habilidades para el vuelo, se enfrentó a los innumerables peligros de la montaña y al malvado buitre señor de la torre para lograr salvar heroicamente a la princesa delfín de los mares.
* * *
Y la paloma comprendió que desarrollar su habilidad intrínseca de volar le serviría para crecer como individuo y la ayudaría a definir su propia identidad como ave. Pues aunque el volar no hace al ave, sólo las aves capaces de volar pueden contemplar el mundo desde el cielo.

8 mar. 2012

¿Quién es quién?

1-Hola, ¿tú quién eres?

2-¿Quién, tú?

1-No, yo no.

2-¿Yo no? O sea, tú.

3-Creo que te refieres a él, ¿no?

1-Sí, a él.

2-¿Quién, él?

1-No, él no, tú.

2-¿Tú?

3-No, yo no.

2-¿Entonces él?

1-A ver, nosotros no, tú.

2-Nosotros no, entonces él, ¿no?

3-Nosotros somos él y yo, no tú.

2-¿Pero entonces quién eres tú?

1-A ver, tú eres yo.

2-¿Y quién es él?

1-Él es tú también.

2-¿Entonces tú sois vosotros?

3-Sí, nosotros somos tú.

2-O sea, ¿que los dos sois tú?

3-No, los dos somos nosotros, pero él y yo somos tú visto desde yo.

4-Perdonad, veo que hay un pequeño malentendido entre vosotros.

2-¿Entre ellos?

4-No, entre vosotros.

2-¿Vosotros sois nosotros?

4-No, nosotros no.

2-¿Entonces ellos?

4-Ellos y tú.

2-¿Ellos y tú son lo mismo?

4-No, ellos son ellos y tú eres tú.

2-¿Pero tú no eras yo?

1-No, a ver, tú no eres ella.

2-¿Tú no éramos nosotros?

3-Nosotros no. Él y yo éramos tú.

2-¿Pero y ella?

4-Yo soy yo.

2-¿Entonces yo soy tú?

3-No, ella es tú y tú eres yo.

2-¿Ella no es yo?

1-Ella es tú.

2-¿Y él?