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21 feb. 2012

Puedes llamarlo paranoia o puedes llamarlo locura, pero, por favor, no llames a la policía

Experimental.


Se despertó una mañana y comenzó a volar. Todo a su alrededor se volvió rojo, pero él cantaba bajo la luz de las estrellas de la mañana. Había árboles azules y también ornitorrincos verdes. No tenía manos, pero sí unas enormes alas grises con tonalidades marrones. Se miró a un espejo y creyó ver un dálmata.

-¡Oh, tío, vamos! ¡Ladra un poco!

Pero no ladró, sólo reía al son de las trompetas. Su cuerpo le temblaba, se llevó las manos a la cara y abrió la boca. Fue a gritar, pero no recordaba cómo se hacía eso. Sólo sabía volar. Volar y nadar. Se tiró a un charco y quiso capuzarse, pero el agua sólo le llegaba hasta las rodillas. Un unicornio se acercó y le dijo que montara sobre su lomo.

-No quiero lomo, gracias, soy vegetariano.

Entonces comenzó a sangrar, pero apenas le dolía. Tarareó y silbó una canción que solamente él conocía. La improvisaba al momento. Era un sonido feliz, porque él quería ser feliz. Pero las nubes en el cielo amenazaban tormenta, así que dejó de canturrear y echó a correr.

Sin embargo, ya no recordaba si tenía que adelantar primero la pierna izquierda o la derecha. Tropezó y cayó sobre un pastel de chocolate caliente. Le pegó un mordisco y se quemó la lengua, así que llamó a un médico de urgencias. El médico vino en su bicicleta deslizante y le examinó la boca. Le dijo que sólo debía chupar un cubito de hielo.

Él le dio las gracias y se convirtió en una rana para ir saltando hasta el lago de cristal helado de la montaña de la sabiduría. Pero no tenía mapa y no sabía cómo llegar, así que entró en una tienda y compró un mapa de la zona y una brújula mágica del país de las hadas.

Con su nuevo equipaje se montó en un carruaje y cavó un agujero bajo tierra hasta que descubrió un pozo de petróleo amarillo. Lo chupó con los labios, pero le asqueó y escupió, tan fuerte que un volcán entró en erupción. La lava comenzó a bailar sobre las casas del pueblo y los aldeanos, asustados, intentaron extinguirla con hojas de eucaliptos del estanque perdido. Pero el cielo cayó entonces sobre ellos.

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