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29 feb. 2012

El Yin y el Yang de la felicidad

Versión modificada y reducida del original inédito.


No sé cómo expresar lo que siento ahora mismo. Intento encontrar un motivo para estar en el suelo, pero no se me ocurre ninguno. Sólo sé que lo necesito y que cuando me levante me sentiré mucho mejor. Supongo que me esfuerzo en pensar que soy feliz cuando en mi interior sé que no lo soy. Pero también sé que no necesito serlo realmente. Es inútil buscar la felicidad, pues la felicidad sólo se encuentra en nosotros mismos. Si creemos que somos felices, seremos felices, aunque por dentro seamos unos desgraciados.

Creo que podría decir que he sufrido bastante a lo largo de mi vida. Y ya hace tiempo que me cansé. Quiero ser feliz. Pero supongo que es imposible pretender serlo sin experimentar también algo de infelicidad. El Yin y el Yang. Para que uno se dé, el otro debe darse también. No recuerdo si cuanto mayor era el Yin, menor el Yang, o si era al contrario, pero ahora mismo me da igual. Sólo sé que quiero ser feliz, y que, realmente, lo soy. Soy feliz. O al menos consigo creer que lo soy.

21 feb. 2012

Puedes llamarlo paranoia o puedes llamarlo locura, pero, por favor, no llames a la policía

Experimental.


Se despertó una mañana y comenzó a volar. Todo a su alrededor se volvió rojo, pero él cantaba bajo la luz de las estrellas de la mañana. Había árboles azules y también ornitorrincos verdes. No tenía manos, pero sí unas enormes alas grises con tonalidades marrones. Se miró a un espejo y creyó ver un dálmata.

-¡Oh, tío, vamos! ¡Ladra un poco!

Pero no ladró, sólo reía al son de las trompetas. Su cuerpo le temblaba, se llevó las manos a la cara y abrió la boca. Fue a gritar, pero no recordaba cómo se hacía eso. Sólo sabía volar. Volar y nadar. Se tiró a un charco y quiso capuzarse, pero el agua sólo le llegaba hasta las rodillas. Un unicornio se acercó y le dijo que montara sobre su lomo.

-No quiero lomo, gracias, soy vegetariano.

Entonces comenzó a sangrar, pero apenas le dolía. Tarareó y silbó una canción que solamente él conocía. La improvisaba al momento. Era un sonido feliz, porque él quería ser feliz. Pero las nubes en el cielo amenazaban tormenta, así que dejó de canturrear y echó a correr.

Sin embargo, ya no recordaba si tenía que adelantar primero la pierna izquierda o la derecha. Tropezó y cayó sobre un pastel de chocolate caliente. Le pegó un mordisco y se quemó la lengua, así que llamó a un médico de urgencias. El médico vino en su bicicleta deslizante y le examinó la boca. Le dijo que sólo debía chupar un cubito de hielo.

Él le dio las gracias y se convirtió en una rana para ir saltando hasta el lago de cristal helado de la montaña de la sabiduría. Pero no tenía mapa y no sabía cómo llegar, así que entró en una tienda y compró un mapa de la zona y una brújula mágica del país de las hadas.

Con su nuevo equipaje se montó en un carruaje y cavó un agujero bajo tierra hasta que descubrió un pozo de petróleo amarillo. Lo chupó con los labios, pero le asqueó y escupió, tan fuerte que un volcán entró en erupción. La lava comenzó a bailar sobre las casas del pueblo y los aldeanos, asustados, intentaron extinguirla con hojas de eucaliptos del estanque perdido. Pero el cielo cayó entonces sobre ellos.

14 feb. 2012

Esto no es una historia de amor

Idea rescatada del baúl de los recuerdos.


El despertador inició su murmullo cansino; eran las siete en punto de la mañana. Mark se dio la vuelta en la cama intentando seguir durmiendo, pero la intensidad del sonido lo sacó finalmente de su sueño. Abrió los ojos, se reclinó sobre el respaldo y golpeó el reloj con desidia.

Se desperezó ruidosamente y buscó las zapatillas con los pies. Se arrastró hasta el baño y se miró al espejo. Menudo careto. Bostezó y se quitó un par de legañas.

Show me how to lie, you’re getting better all the time. And turning all against the one is an art that’s hard to teach. La misma melodía de todas las mañanas la informaba de que era hora de levantarse. Sara cogió el móvil y detuvo la alarma. Bostezó aún adormilada y se levantó para ir a la cocina.

Cogió un tazón vacío y echó tres cucharadas de Cola-Cao, una de café y otra de miel. Empezó un cartón de leche y lo vertió sobre la mezcla. Removió con una cucharilla y buscó sus cereales favoritos. Agarró un puñado y lo dejó caer dentro del bol.

Mark salió de la ducha y se secó con la toalla. Fue a su habitación y se vistió con lo primero que encontró en el armario. Más despejado, bajó las escaleras ­y se sentó en la mesa, donde ya tenía su plato con las tostadas. Untó una con mantequilla y mermelada y se la llevó a la boca.

Terminó de desayunar y volvió a su cuarto para comprobar que tenía todos sus apuntes en la mochila. La cerró y la llevó consigo al salón. Encendió el televisor y se tumbó en el sofá mientras pasaba un canal tras otro con el mando a distancia.

Sara entró al baño y se cepilló los dientes. Contempló su rostro más despierto en el espejo y se metió en la ducha. I walk this empty street on the boulevard of broken dreams. Canturreó varias de sus canciones favoritas mientras el agua acariciaba su piel. Finalmente cerró el grifo y tomó su toalla.

Se puso la ropa que había preparado la noche anterior y se echó un poco de maquillaje por la cara. Se deslizó hasta la sala de estar, cogió el MP3 de la mesa y se enchufó los auriculares. Buscó las llaves del estudio y salió cerrando tras de sí.

Mark caminaba absorto en sus pensamientos mientras escuchaba la música de su reproductor. Llegó hasta la parada de autobús, se apoyó y esperó a que pasara el número 8. Le mostró el bono al conductor y anduvo hasta los asientos del final. Se acomodó y desvió la mirada hacia la ventana.

Diez minutos después llegó al campus universitario. Abandonó el autobús y se reunió con sus compañeros de clase.

-Acho, Marquito, pareces salido de una peli de zombies.

Sara tarareaba alegre mientras recorría las calles de la ciudad. Cruzó un paso de peatones y se detuvo en el siguiente. Dejó pasar unos cuantos coches y atravesó la carretera cuando no vio ninguno. Se quedó observando unas botas en un escaparate. Comprobó el precio y continuó.

Llegó hasta una rotonda y saludó con la mano a su compañera de trabajo. Se acercó y le dio dos besos.

-Tía, me acaba de decir Mary que no puede venir a comer con nosotras.

* * *

Mark se despidió de sus colegas y de la facultad. Hizo el camino de regreso a casa y llamó al timbre. Nadie respondió, así que tocó de nuevo. Escuchó un rumor de pasos y la puerta se abrió.

-Cualquier día pierdes la cabeza… Ya te has vuelto a dejar las llaves en el sofá…

-Es que se me caen del bolsillo…

Sara le echó el cierre a la oficina mientras Jesy hablaba por teléfono. Marcharon juntas hasta la pizzería más cercana y se sentaron en una mesa de la calle a esperar al camarero.

-¿Cuál vas pedir hoy? Estoy entre una Barbacoa o una Carbonara…

-Yo creo que tomaré una Mediterránea, para variar, a ver qué tal está.

Mark terminó de comer y subió a su habitación a por una chaqueta.

-¡Mamá, me voy ya!

-¡Vale, hijo! ¡Tened mucho cuidado por ahí, no os vaya a pasar nada!

-¡Sí, mamá!

Sara y Jesy pidieron la cuenta y se levantaron.

-¿Dónde ha dicho Mary que nos reunamos?

-Dice que vayamos directamente al bar, que estará en la puerta.

-Traduciendo, nos toca esperar.

* * *

Mark caminaba por la calle inmerso en sus pensamientos. Llegó al bar antes de tiempo, así que decidió esperar a Paul y Ron en la puerta. Miró el reloj y volvió la cabeza. Sus ojos se posaron sobre una chica que se acercaba con su amiga por la acera.

Sara y Mary hablaban animadamente cuando llegaron al bar. Jesy aún tardaría un poco, así que Mary entró al baño y Sara se quedó fuera. Miró el reloj y volvió la cabeza. Sus ojos se encontraron con los de un chico que aguardaba de pie junto a la entrada.

7 feb. 2012

El azulejo mágico y la alfombra de metal

Un azulejo mágico bailaba sobre una alfombra de metal. La alfombra, cansada del baile del azulejo, intentó echar a volar, pero apenas consiguió elevarse unos pocos centímetros antes de caer al suelo. El azulejo mágico, sorprendido, se bajó de la alfombra de metal y le preguntó:

-¿Pero qué haces, alfombra de metal?

-Intento volar. Estoy cansada de que bailes sobre mí.

-Oh, lo siento… No sabía que te molestaba.

-Pues ya lo sabes.

-Bueno, entonces no volveré a bailar sobre ti.

-Bien.

-Oye, alfombra de metal…

-Dime.

-¿Puedo preguntarte algo?

-Claro.

-Eres de metal y no tienes alas… ¿Por qué has intentado volar?

-Bueno, tampoco tengo boca y puedo hablar, y tú no tienes piernas y puedes bailar.

-Ya, pero es que pesas un montón.

-Lo sé, pero siempre me ha gustado volar.

-¿En serio?

-Sí, desde que era tan sólo un hilito de lana.

-¿Pero tú no eres de metal?

-Ahora sí, pero antes estaba completamente hecha de lana.

-¿De verdad? ¿Y cómo te convertiste en una alfombra de metal?

-No lo sé, me endurecí con el tiempo y al final me volví de metal.

-Oh… Y dime, ¿antes podías volar?

-Claro, igual que cualquier alfombra de lana.

-Entonces te gustaría volver a ser de lana, ¿verdad?

-Sí…

-¿Y si te digo que puedo hacer que vuelvas a serlo?

-¿En serio? ¿Cómo?

-Soy un azulejo mágico.

-No te creo.

-¿Por qué?

-Porque la magia no existe.

-¿Eso piensas?

-Sí.

-Ahora entiendo por qué te has endurecido como el metal, alfombra.

-¿Ah, sí? ¿Por qué?

-Tendrás que descubrirlo tú misma.

-¿Cómo?

-Yo te guiaré.

-¿Y por qué tendría que fiarme de ti?

-No tienes por qué hacerlo si no quieres. Pero deseas volar, ¿verdad?

-Más que nada en el mundo.

-Entonces deberás confiar en mí.

-Ya, ¿y cómo sé que no me engañas?

-No lo sabes, ni lo sabrás hasta que compruebes por ti misma que la magia existe.

-Pero es que no existe.

-¿Cómo puedes estar tan segura de eso?

-Pues porque es imposible.

-Sólo si tú crees que lo es.

-Yo no lo creo, lo sé.

-Eres dura, ¿eh?

-Bueno, soy de metal.

-¿Sabes? Me recuerdas a los humanos.

-¿Por qué?

-No te lo diré, prefiero que lo averigües por ti misma.

-Pues yo prefiero que me lo digas.

-¿Estás segura?

-Sí. ¿Por qué te recuerdo a los humanos?

-Bueno, es muy simple… Porque ellos son como pequeños hilos de lana que poco a poco van configurando una alfombra. Una alfombra de lana soñadora y fantasiosa, imaginativa e inocente. Una alfombra de lana tan versátil y flexible que es capaz de echar a volar siempre que así lo desea.

“Pero a medida que pasa el tiempo van endureciéndose lentamente hasta que al fin se vuelven totalmente rígidos como el metal. Su ensoñación se torna escepticismo, su fantasía presunción… Renuncian a su imaginación y se centran en lo provechoso, olvidan su inocencia y se vuelven ruines. Dejan de creer en la magia y pierden su capacidad de volar.”

-Pero es que la magia no existe.

-Tal vez no… O tal vez sí. Eso sólo depende de ti.