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28 dic. 2011

Pragmática

Una chica está en casa de su ligue, que le ha preparado una cena romántica.

-¿Te ha gustado el primer plato?

-No tanto como me gustas tú.

-¿Entonces no estaba bueno?

-Mucho, pero tú lo estás aún más.

-Pues vaya chasco, con el empeño que he puesto en cocinarlo pensé que te gustaría más…

-Estaba delicioso, tontín; sólo intentaba decirte que me pones mucho. Mucho, mucho…

-Gracias. Pero entonces la comida te ha gustado, ¿no?

-Me ha encantado.

-Me alegro, me ha costado un montón de trabajo hacerla. ¿Quieres que te traiga ya el segundo plato?

-La verdad es que yo prefiero pasar directamente al postre…

-¡Ah, guay! He preparado una tarta que está para chuparse los dedos. Te va a encantar, ya verás.

-Bueno, yo con lo de postre me refería a otra cosa…

-¿Ah, sí? ¿A qué?

-Pues… Al café…

-¿Café a estas horas? Pero después no vas a poder dormir nada…

-Eso es justo lo que quiero, no dormir nada.

-¿Y eso? ¿Tienes que ir a algún sitio esta noche?

-¿Yo? A tu cama.

-Pero para ir a mi cama no es necesario que te pases la noche sin dormir.

-Es verdad, mejor vamos ahora.

-¿Es que tienes sueño?

-Ninguno.

-Entonces vamos mejor al sofá, ¿no? Y vemos una peli si quieres, porque allí en mi habitación no tengo televisor ni nada para entretenernos.

-Tú no, pero yo aquí en mi bolso tengo unas cuantas cosas para entretenernos un buen rato…

-¿Ah, sí? ¿Qué tienes?

-Tengo unos cuantos juguetitos y muchos globos…

-¿Uh? ¿Y eso? ¿Vienes de alguna fiesta infantil?

-Lo que pienso hacerte es de todo menos infantil…

-¿El qué?, me estás asustando…

-No te asustes, estoy segura de que te va a encantar.

-¿Pero qué es?

-Ah… Vamos a tu habitación y lo descubres…

-Nah, mejor después, que, si me voy a la cama ya, me entra sueño y me duermo.

-No te preocupes, esta noche no pienso dejarte dormir…

-¿Por qué, es que roncas?

-¡No ronco!

-Ah… Pues entonces no te entiendo. Mira, vamos a ver una peli mejor y luego ya nos vamos a la cama, ¿vale?

-Bueno…

* * *

-Uf… ¿No tienes calor aquí en el sofá?

-La verdad es que no, dentro de la casa hace una temperatura bastante agradable.

-Pues yo tengo mucho frío.

-Ah, no te preocupes, abro la ventana si quieres.

-No es la ventana lo que quiero que abras…

-¿Entonces qué? Es que si dejo la puerta abierta entra cualquiera…

-Nah, yo quiero que abras otra puerta y que seas tú el que entre.

-¿Qué puerta, la de la cocina?

-Más o menos…

-¿Y para qué quieres que entre a la cocina ahora?

-Pues… Para comer un rato…

-¿Para comer? Pero si acabamos de cenar…

-Bueno, entonces ¿por qué no entras a quitar las telarañas?

-¿Qué telarañas?, si aquí no hay.

-Pero seguro que las tuberías están muy sucias. Y tú debes de tener un buen desatascador para desatascarlas…

-Es que es muy tarde. Además, las tuberías ya están desatascadas.

-O no… Yo quiero que las dejes muy bien limpitas…

-Pero si es que están ya muy limpias, no sé qué manía te ha dado ahora con las tuberías…

-Bueno, deja las tuberías… Lo que quiero es que me prepares una ensalada con tu plátano…

-No me quedan plátanos, me comí el último ayer.

-Pues si no te quedan plátanos tráeme una salchicha que esté bien dura…

-¿Una salchicha dura? Como no te la traiga congelada… Oye, qué rarita que eres, ¿no?

-¡Tío, que no te enteras, que quiero FOLLAR! ¡Follar, joder!

-¡Ah, vale! Pues dilo…

22 dic. 2011

La camiseta prestada

-Oye, ¿me haces un favor?

-Claro, ¿qué quieres?

-Verás, me da algo de corte pedírtelo…

-No seas vergonzoso, puedes pedirme lo que quieras.

-Pues… ¿Me prestas esa camiseta que llevas puesta?

-Claro, toma. Aunque no creo que te quede muy bien.

-Oh, bueno, no la quiero para vestirla.

-¿Para qué entonces?

-No puedo decírtelo, es secreto.

-¿Ah, sí? ¿Muy secreto?

-Bueno, bastante.

-¿Sólo bastante?

-Sí. Bueno… Es secreto, simplemente. No sabría cuantificar.

-Ah… ¿Pero más adelante podré saber ese secreto?

-Claro, cuando te devuelva la camiseta lo sabrás.

-¿Y cuándo será eso?

-No lo sé, la verdad; lo mismo mañana que dentro de un par de horas. Depende.

-¿De qué depende?

-Ni idea, pero no de mí.

-¿Es que vas a dejarle mi camiseta a alguien?

-No. Te la he pedido para mí, pero cuándo te la devolveré no depende de mí.

-No lo entiendo.

-No es necesario que lo entiendas.

-Ya, pero me gustaría.

-Bueno, cuando sepas por qué te la he pedido lo entenderás todo.

-¿Y de verdad no puedes decirme para qué la quieres?

-Poder, podría, pero no quiero hacerlo hasta que ya no necesite la camiseta para nada.

-Pero es que ahora ya me has dejado con la curiosidad. Además, es mi camiseta, deberías decírmelo.

-Quizá… Pero cuando me la prestaste no me impusiste como condición contarte para qué la quería. Eso me lo preguntaste después.

-Bueno, eres mi amigo y por eso te la he prestado, pero después de prestártela he querido saber para qué. Es lo normal, ¿no?

-Sí… No sé… Tal vez podría decírtelo.

-Entonces no es tan secreto, ¿no?

-No. Bueno, no sé… Quería que lo fuera.

-¿Por qué?

-Porque pensé que tú preferirías no saberlo.

-Pero si te estoy pidiendo que me lo cuentes es porque realmente prefiero saberlo.

-Es que tú me pides que te lo cuente porque no lo sabes. Si lo supieras preferirías no saberlo.

-¿Es que es algo malo?

-No, no es malo. Pero sí es algo que a ti no te gustaría.

-Bueno, pero yo soy tu amiga, y a los amigos se les cuenta todo: las cosas que les van a gustar y las que no.

-Está bien, pero luego no digas que no te lo he advertido.

-No te preocupes, tú dime lo que sea.

-¿Estás segura?

-Completamente. Adelante.

-A ver… Te he pedido la camiseta porque…

-Espera.

-¿Qué?

-No quiero que me lo digas.

-¿En serio, por qué?

-No lo sé, lo he pensado mejor y ahora no quiero que me digas para qué me has pedido la camiseta.

-Pero si en verdad no es nada malo, no tengo ningún problema en decírtelo.

-Ya, pero ahora no quiero saberlo.

-No pasa nada por que lo sepas.

-Ya… Pero mejor en otro momento. Cuando ya no necesites la camiseta.

-No tienes por qué esperar, puedo decírtelo ahora mismo.

-Lo sé, pero prefiero esperar.

-¿Estás segura?

-Del todo.

-Antes me has dicho lo mismo y después has cambiado de opinión.

-Ya, pero esta vez no.

-¿Por qué?

-No lo sé, he decidido que prefiero no saberlo.

-Pues a mí me gustaría contártelo.

-No es necesario que lo hagas.

-Insisto.

-No quiero, no te pongas pesado.

-Bueno, de acuerdo, no te mosquees.

-Está bien, no pasa nada.

-Perfecto.

-Bueno, ¿y para qué habías venido? ¿Sólo a por mi camiseta?

-No, para pasar un rato contigo.

-Ah, vale. ¿Te apetece ver una peli entonces? Me descargué ayer una que parecía estar muy bien.

-Bueno, si tú quieres, por mí genial. ¿De qué va?

-No lo sé.

-¿Y cómo sabes que estará bien?

-No lo sé, sólo lo parece.

-Pero si no tienes ni idea de sobre qué va la película.

-Ya, pero el título sugería que iba a estar bien.

-Ah… Entonces confiaré en tu instinto.

-Guay. Oye…

-Dime.

-¿Me vas a contar ya para qué me has pedido la camiseta?

-Claro.

-Venga.

-Pues yo llegué a tu habitación, te encontré muerta en la cama y fui a desnudarte. Pero cuando ya sólo me faltaba quitarte la camiseta te levantaste como si hubieras vuelto a la vida. Así que te pedí la camiseta para terminar de desvestirte.

-Pero si yo estoy vestida.

-No, no lo estás. Estás desnuda. Y muerta.

-Es imposible que esté muerta, me he levantado y estoy hablando contigo.

-Lo imposible es que estés viva.

-¿Por qué?

-Porque tienes el corazón arrancado.

-Pues yo me noto bien.

-Yo te veo muerta.

-Y yo me veo vestida y según tú no lo estoy.

-Ya…

-¿Entonces?

-No lo sé, yo creo que estás muerta y desnuda.

-Pero eso quiere decir que estás hablando con una muerta, y es imposible.

-O tal vez no, quizá tenga alguna especie de don.

-Quizá… Pero oye, una cosa…

-Dime.

-¿Por qué quisiste desnudarme cuando me viste muerta?

-Sólo quería comprobar el estado de tu cuerpo.

-¿Y cuál es?

-Normal, pero sin corazón.

-Ah… ¿Y entonces qué se supone que soy yo ahora, un espíritu?

-No, porque no te has separado de tu cuerpo. Eres tú misma, pero muerta.

-O sea, que soy un zombie.

-No, al menos no uno normal. Es como si estuvieras viva, tal y como eras cuando de verdad lo estabas, pero estás muerta.

-No lo entiendo…

-Yo tampoco.

-Esto es muy raro, ¿no?

-Bastante, sí.

-¿Y qué hacemos?

-No sé… ¿Te apetece ver una peli?