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19 nov. 2009

Untitled

Octubre, jueves 1 (22:37 – 22:38)

-Quedan menos de 25 minutos. ¿En serio crees que llegarás a tiempo?
-No lo sé, pero debo intentarlo. Si no lo hago, no tendré ninguna posibilidad.
-No creas que ahora tienes muchas...
-Lo sé...
-... Te deseo suerte entonces.
-Gracias. Tal vez la necesite...
-Venga... Corre. Y no tardes.

Septiembre, martes 29 (21:39 – 21:44)

-Lo siento...
-No sé qué decirte, la verdad... ¿Por qué?
-No podía contártelo... Eso lo comprendes, ¿verdad?
-Lo intento.
-Sabes que de haber podido lo hubiera hecho.
-Sí, pero ¿por qué no podías? Nada te impedía decírmelo.
-Miedo.
-¿Miedo?
-Sí... Miedo. Temor a cómo te lo tomases.

Septiembre, miércoles 30 (16:23 – 16:24)

-Lo siento, pero ella no está aquí.
-¿Me puedes decir, por favor, dónde está?
-Me hizo prometer que no te explicaría nada.
-Oh, venga... Soy yo... Necesito tu ayuda, por favor...
-Eres un gran chico, pero no puedo romper la promesa que le he hecho a mi hija.
-Lo más importante para un padre es el bienestar de sus hijos. Y ella me necesita en estos momentos.
-Lo más importante para un padre es el bienestar de sus hijos, pero lo que ella necesita en estos momentos es estar sola.

Octubre, jueves 1 (22:37 – 22:38)

-Venga... Corre. Y no tardes.
-Procuraré no hacerlo... Hasta ahora.

“Veintidós minutos... Mierda... No llegaré a tiempo. Si al menos pudiera coger un autobús... Pero ninguno pasa por esa zona...”

Septiembre, martes 29 (21:39 – 21:44)

-¿Miedo a cómo me lo tomase?...
-¿Verdad que no te ha hecho ninguna gracia?
-Por supuesto que no. Pero peor me ha sentado que hayas pretendido ocultármelo y que hayas esperado a no tener otra alternativa para hablarme de ello. Porque de haber podido evitarlo, ni siquiera ahora sabría nada, ¿cierto?
-Cierto... Pero, cielo, escúchame...
-No. Escúchame tú a mí. Prometimos ser sinceros el uno con el otro; yo siempre te lo he contado todo y siempre he confiado en que tú hicieses lo propio conmigo. Jamás hubiera imaginado que me ocultaras algo así. Menos aún cuando eso me afecta a mí. Que me hubiera sentado mal no te lo niego, pero eso no es motivo para esconderme la verdad.

Septiembre, miércoles 30 (16:23 – 16:24)

-Pero necesito verla, por favor...
-He dicho mi última palabra. Déjala sola en estos momentos. Lo necesita. Y me atrevería a decir que a ti tampoco te vendría mal...
-Por favor...
-Lo siento, chico. Una promesa es una promesa, sobre todo si se le hace a una hija. Te avisaré cuando ella esté en condiciones para hablar, ¿de acuerdo?
-No...
-Lo siento mucho. Adiós.

Octubre, jueves 1 (22:42)

“Dieciocho minutos y ya empiezo a estar cansado. No podré mantener este ritmo mucho tiempo...”

Septiembre, martes 29 (21:39 – 21:44)

-Claro que eso no es motivo... Pero no se trata únicamente del daño que ésto te haría en el momento de sincerarme contigo, sino de tu reacción y tus heridas posteriores. Nada de lo que ha pasado entre nosotros durante este tiempo hubiera sucedido... ¿Acaso no dijiste que estabas viviendo los mejores momentos de tu vida?
-Sí... Te lo dije... Y lo mantengo. Pero no tenías ningún derecho a esconderme algo así.
-¿Y qué hubiera ocurrido si te lo hubiera contado? Estas dos últimas semanas no habrían “existido”. Yo solamente quería que fueses feliz...
-Lo sé. De verdad que lo sé, y te lo agradezco con todo mi corazón, pero es algo que me afecta especialmente a mí; yo debí haberlo sabido desde el principio... No a... a... apenas tres días...

Septiembre, miércoles 30 (19:12 – 19:14)

-¿Diga?
-“Buenas tardes, **.”
-¡**! Buenas tardes, ¿qué querías?
-“Bueno... En primer lugar, me gustaría pedirte disculpas en nombre de mi marido por haberte echado esta tarde de nuestra casa de esa manera. Está preocupado por nuestra hija y no quería que tú también lo estuvieses.”
-¿Preocupado? ¿De qué?
-“Mi marido te dijo que nuestra hija nos hizo prometer que no te hablase acerca de su paradero, ¿verdad?”
-... Bueno, sí... Me dijo que él le había hecho esa promesa a su hija y que debía mantenerla. ¿Por...?
-“Lo cierto es que no tenemos ni idea de dónde está nuestra hija. Salió esta mañana de casa, deprimida, sin decir adónde iba a ir... Suponemos que está bien y que volverá pronto, pero en nuestro interior la duda es cada vez mayor...”

Octubre, jueves 1 (22:49)

“Aún quedan 11 minutos. ¡Todavía puedo llegar...!”

Septiembre, martes 29 (21:39 – 21:44)

-Cariño... Piensa en cómo transcurrirían estos tres días si no supieras nada... Estaríamos pasando ahora un rato estupendo... Habría preparado de nuevo algo especial para ti. Cielo, lo siento, sinceramente, lo siento... pero lo hice por ti... porque te quiero...
-Sé de sobra que me quieres. Y sé de sobra que lo hiciste con tu mejor intención. Pero eso no justifica el engaño... Además, ¿qué pasa contigo? ¿Qué pasará cuando...?
-Sacrificarse por alguien no es doloroso cuando quieres a la otra persona de la manera en que yo te quiero a ti...
-... Eres un encanto y un cielo de persona; me considero muy afortunada de tenerte a mi lado. Y siento haberme enfadado al principio; entiendo lo qué hiciste, por qué y sé que tú estabas convencido de que era lo mejor...
-Lo...
-Pero... tú también tienes que entender algo...

Septiembre, miércoles 30 (19:12 – 19:14)

-¡¿Qué?! ¡¿Por qué me lo habéis ocultado?!
-“Para que no te preocuparas. Sabemos que lo estás pasando mal. Tal vez no debimos cargarte con aquella responsabilidad. Lo siento...”
-Se me ha negado el derecho de tomar decisiones acerca de mi propia vida. Tal vez esa responsabilidad debió haber sido compartida por los tres... hace dos semanas. Teníamos que habérselo contado en su momento...
-“Es probable, pero ya es demasiado tarde para eso... … **, te dejo, ¿vale? Sólo te llamaba para que supieras lo de mi hija.”
-De acuerdo. Muchas gracias por decírmelo. Cualquier novedad, me telefoneas, ¿de acuerdo?
-“De nada, hijo... Te avisaré en cuanto sepa algo.”

Octubre, jueves 1 (22:54)

“Necesito parar... No aguanto más... Joder, 6 minutos... ¡No, mierda!”

Septiembre, martes 29 (21:39 – 21:44)

-Pero... tú también tienes que entender algo... Al ocultarme esa... situación, haya sido con buen o con mal propósito, se me ha negado el derecho de tomar decisiones acerca de mi propia vida. Agradezco de todo corazón lo que hiciste, pero debiste habérmelo contado desde el principio...
-...
-Ahora quiero pedirte un favor: sé que habíamos quedado esta noche, pero necesito ir a mi casa y hablar con mis padres. Ellos también me deben una explicación. Porque también lo saben, ¿verdad?
-Sí... Pero te dirán lo mismo que yo...

Septiembre, martes 29 (13:16)

-Queremos que seas tú quien se lo diga a nuestra hija. Eres la persona más adecuada para ello.
-Pero ¿y vosotros?
-Bueno... En la vida de una persona, los padres son siempre muy importantes, pero cuando se alcanzan ciertas edades, llega un momento en el que nosotros pasamos a un segundo plano.
-Vosotros siempre seguiréis siendo tan importantes para vuestra hija como lo habéis sido siempre.
-Gracias. Y lo sabemos... Pero eso no es óbice para que nuestra hija pueda conocer a otra persona que con el tiempo llegue a significar más para ella que nosotros.
-...
-Por eso queremos que seas tú quien hable con ella sobre este asunto.

Octubre, jueves 1 (22:57)

“Tres minutos... Estoy cerca.... No puedo... rendirme ahora...”

Septiembre, martes 29 (21:39 – 21:44)

-No me importa. Me digan lo mismo o no, tengo que oírlo de ellos. Además, también necesito un tiempo para estar sola. Ya te llamaré.
-¿Te vas?...
-Sí. Y déjame ir sola.
-...
-Escucha... Eres una de las personas más importantes de mi vida. Tú eres quien cambió mi mundo cuando llegó a él y con quien querría compartir el resto de mi existencia. Significas para mí mucho más de lo que te imaginas. Te quiero...
-Yo también te quiero...
-Adiós...
-...

Septiembre, martes 29 (10:34 – 10:36)

-Si no se lo dicen ustedes, se lo diré yo.
-Por favor, no nos haga esto...
-La chica tiene derecho a saberlo, y no seré yo quien cargue con este peso en la conciencia.
-Ella está bien así. Decírselo sólo le causaría dolor.
-Pues tendrá que afrontarlo. Lo siento, señores. Les doy hasta mañana. Si para entonces no se lo han dicho, yo mismo lo haré.
-¿Es que no le importan los sentimientos de nuestra hija?
-Claro que sí. Pero ella tiene todo el derecho a conocer la verdad.
-Hay verdades que es mejor mantener ocultas...
-Es probable... pero no ésta. Mis más sinceras disculpas, pero me veo en la obligación de cumplir con lo que les he dicho. Tienen hasta mañana.

Octubre, jueves 1 (22:58)

“Sólo... dos minutos... Estoy... a punto de... desfallecer por el cansancio... ¡Ánimo!... Sólo necesito... un poco... más... Estoy cerca...”

Octubre, jueves 1 (22:36 – 22:37)

-¿Sí?
-“**, tienes que buscar a mi hija...”
-¿Qué? ¿Dónde está? ¿Está bien?
-“Va... va a suicidarse...”
-¡¿Qué?! ¡No puede...!
-“Va a ir al puente ** a las 23.00 de esta noche... ¡Por favor, tienes que ir hasta allí...! Por favor, evita que mi hija cometa una tontería... Por favor...”
-¡¿En el puente ** a las once?! ¡Estamos a más de tres cuartos de hora de allí! ¡¿Por qué no han ido ustedes en el coche?!
-“Estamos saliendo, pero no llegaremos... Ya sabes dónde vivimos... Oh, Dios mío...”

Octubre, jueves 1 (22:59)

“La última calle... Y el último... minuto... Lo voy a... conseguir...”

Octubre, jueves 1 (22:36 – 22:37)

-¡Joder, joder!... ¡Voy a por ella...! Un momento... ¿cómo saben con seguridad que está allí?
-“Acabamos de leer su diario. Antes de marcharse de casa dejó eso escrito en la última página...”
-De acuerdo. Voy a por ella. Pero no llegaré a tiempo... Adiós.
-“Adiós...”

-¡¡Joder, mierda...!! ¡¿Por qué?! ¡No tiene ningún sentido!
-Cálmate, ¿vale? Lo siento mucho...
-No... No, no lo sientas... Aún puedo impedirlo.
-¿Cómo? Quedan menos de 25 minutos. ¿En serio crees que llegarás a tiempo?

Octubre, jueves 1 (23:00 – 23:01)

-¡¡Por favor...!! … ¡¡No!!


Con un respingo, la muchacha giró su cabeza hacia el lugar de donde provenía el grito. Su novio, apenas iluminado por la escasa luz de las farolas que alumbraban la calle, se acercaba a ella corriendo precipitadamente por la acera. Las manos le temblaron, los lagrimeantes ojos se inundaron y la inseguridad volvió nuevamente a dominarla.

-¡¡No!! … ¡¡Por... Por favor...!!

La calle, situada a las afueras de la ciudad, era angosta y de escaso o nulo tránsito tanto automovilístico como peatonal. De su zona central partía un pequeño y arcaico puente, ya prácticamente en desuso debido al nuevo que había sido construido dos años atrás a unas tres manzanas al noroeste.
Bordeando la calle y el puente, una serie de pilastras de vieja piedra tallada, de altura no superior a un metro, se hallaban dispuestas en una interminable hilera rectilínea que continuaba avanzando por la vía desierta hasta desaparecer en la distancia, tragada por un edificio mediano tras el que viraba bruscamente adentrándose en el barrio antiguo de la ciudad. Uniendo la larga fila de columnas en una sola construcción de vasta longitud, un seudo-arquitrabe pétreo de medio metro de anchura hacía las veces de baranda y de asiento para quienes quisieran deleitarse con la belleza y la fuerza del impetuoso río que cruzaba bajo el puente a una caída de más de treinta metros.
Sobre esta plataforma de piedra, la joven observaba con rosto humedecido la carrera de su novio, viendo cómo se dejaba caer al suelo exhausto a un metro de distancia de donde ella se encontraba y cómo le dirigía una suplicante y atemorizada mirada al tiempo que, con voz entrecortada por el fuerte cansancio y por la dificultad para respirar, le decía:

-He llegado... a tiempo... Por favor... No... lo hagas... Te quiero...

La chica, con la mirada clavada en los ojos de su pareja, rompió a llorar con intensidad y, guiada por la vehemencia de sus sentimientos, saltó.

Septiembre, martes 15 (09:35 – 09:36)

-Lo que tengo que decirles no es una buena noticia. Antes de contarles nada, quiero que sepan que, con sinceridad, lo lamento muchísimo y, aunque tal vez no sea lo más apropiado reprenderles ahora, debieron haber venido aquí muchos años atrás. Entonces tal vez... ésto hubiera tenido una solución. Ya es demasiado tarde.
-Por favor... díganos ya de qué se trata. Si hemos cometido algún error, nos haremos responsables de nuestros actos y asumiremos las consecuencias.
-Su hija está enferma... mortalmente enferma.
-...
-Lo lamento muchísimo. Lo único que hemos podido hacer por ella es determinar el tiempo de vida que le queda... Aún dispone de 18 días. Digánselo... y aprovéchenlos. Lo siento...

Octubre, jueves 1 (23:00 – 23:01)

La chica, con la mirada clavada en los ojos de su pareja, rompió a llorar con intensidad y, guiada por la vehemencia de sus sentimientos, saltó.
Lanzándose a una altura de algo menos de un metro, cayó a los pies de su novio y, sollozando y con los ojos cubiertos de lágrimas, se fundió con él en un enardecido abrazo que ambos llevaban días añorando.

-Te quiero...
-Si llegas... a saltar... te juro que salto... para matarte por... lo que me has hecho pasar...

Una sonrisa floreció en el melancólico, pero finalmente feliz rostro de la chica, que con inmenso cariño respondió:

-Respira...

Septiembre, martes 29 (10:34 – 10:36)

-Como persona, quise que su hija tuviera el consuelo de escuchar la mala noticia de labios de sus padres, pues pensé que ése debía ser un momento de intimidad entre ustedes y ella y que su hija preferiría enterarse de esto en su hogar gracias a las personas que más la quieren y a las que más quiere, y no en una consulta médica de boca de alguien a quien sólo ha visto una vez en su vida y ha sido para esto...; pero como profesional, no puedo permitir que un paciente desconozca lo que le ocurre. Tal vez a otros doctores no les importe, pero para mí supone una carga moral que no estoy dispuesto a llevar. Tanto si ésto le afecta de manera positiva como si lo hace de forma negativa, ella tiene todo el derecho de saber qué le sucede. Y ni ustedes ni nadie podrán hacerme cambiar de opinión. Así que... si no se lo dicen ustedes, se lo diré yo.
-Por favor, no nos haga esto...

Octubre, jueves 1 (23:05)

-Aún nos queda un día... Y quiero que sea el día más feliz de tu vida y el que yo jamás olvidaré- deshaciendo aquel eterno y cuasi-utópico abrazo, el muchacho fijó sus ojos en los de su compañera. No te imaginas cuánto me alegro de que no hayas saltado...
-Y yo...- los últimos indicios de tristeza habían desaparecido de sus hermosos rasgos y las lágrimas que flotaban sobre la calidez de su piel se habían tornado ahora una radiante expresión de felicidad. Viviremos mañana como si fuera nuestro último día...

El joven no pudo evitar que una resignada sonrisa emergiese en su boca, que en seguida, atraída por un silencioso imán de cariño, se dispuso a acercarse a los dulces labios de su amada y con tierna dilección se encontró con ellos en una afectiva caricia que, rompiendo las limitaciones de la naturaleza, detuvo el tiempo a su alrededor en una infinita exhalación de amor eterno y perpetua pasión.

Octubre, sábado 3 (23:00)

“Hace dos días, en este mismo lugar, conseguí llegar a tiempo... Hoy, hace apenas unas horas, el tiempo escapó de nuestras manos... Sin embargo, siempre permanecerá en mi memoria aquel maravilloso último día que vivimos juntos...”

12 nov. 2009

La Botella

Sobre un diminuto río, junto a una cascada no más grande pero de aguas torrenciales, dos grandes botellas de cristal han permanecido unidas durante largo tiempo, a pesar de las inclemencias de la fuerte corriente, y han logrado juntas superar muchas vicisitudes, dificultades, problemas... Hace ya mucho tiempo que las botellas se colocaron juntas y, desde entonces, una y otra se ayudaron para conseguir llenarse mutuamente de agua y lograr ser más fuertes y más resistentes ante la gran caída de la catarata que siempre ha amenazado con llevarlas río abajo hasta un inmenso océano donde quedarían destinadas a tocar irremediablemente fondo y ver hundidas sus posibilidades de subsistencia.
Durante bastante tiempo, ambas se hallaron rebosantes de diáfano líquido, hasta que las sacudidas de su propia fuente de alimento les hicieron zozobrar y las afiladas rocas del fondo les provocaron heridas que lentamente, alternando unas pocas situaciones de paz y sosiego con otros muchos momentos de constante peligro y frecuentes caídas, llevaron a las dos botellas a perder todo el agua del que con tanto esfuerzo se habían colmado mucho tiempo atrás.
Sin embargo, el poder que las unía y fortalecía resurgió finalmente de sus interiores y en muy poco tiempo, las dos botellas recuperaron todo aquello por lo que tanto habían luchado. Pero una de ellas aún no estaba por completo llena y su compañera se afligía por esto.
“Sé que no ha transcurrido mucho tiempo desde que nos recuperamos de la tempestad que nos abatió durante largos y frustrantes momentos, pero me provoca una gran desazón no haber sido capaz de hacer que reúna todo el agua necesaria para completarse. He batallado con energía, con voluntad, con optimismo, dando lo mejor de mí misma y, a pesar de ello, mi compañera botella aún no está a rebosar de este agua que riega el fruto de nuestra continua cosecha interior. Si continúo peleando por salir ambas adelante, sé que lograré que ella alcance su máximo de líquido contenido, pero, aún así, no sé cuando sucederá esto y tengo cierto miedo a perder mi camino y no alcanzar mi meta. Sé que lo lograré, tengo plena confianza en mí, en que sea así y llegue hasta el final, y sé que más tarde o más temprano conseguiré hacerlo y, sin embargo, no puedo evitar sentir ese incierto, pero descorazonador temor...”
“Además, esa tercera botella que desde hace tanto llevo pegada a mi costado y que es ya una parte de mí ha sido siempre una gran carga y cada vez lo va siendo más. Hasta ahora he logrado mantener fijo el corcho que impide que ella se alimente también de agua y haga que mi compañera botella pierda la suya, pero me asusta lo que pueda ocurrir si algún día su tapón pasa a mí... Tal vez las consecuencias sean buenas, quizá mi segundo yo botella es quien deba permanecer al lado de mi compañera y no este yo que hasta ahora he sido, pero si no fuera así, los probables daños que causaría podrían ser muy graves y gran parte del agua que mi compañera botella ha logrado recolectar gracias a mí correría el riesgo de acabar derramándose, y posiblemente esta vez no pudiera ayudar a que la recuperase... Por mi parte, tal vez también yo perdiese algo del líquido que gracias a mi compañera he reunido y, si así aconteciera, dudo que recobrarlo se tornara tarea fácil...”
“Tengo miedo de dejar que el corcho deje libre mi segunda botella y me bloquee a mí, pero en muchas ocasiones creo que es lo mejor que podría pasarnos a mí y a mí compañera botella. Sin embargo, pienso que para ella ciertamente es preferible el yo que hasta ahora he sido y que ese cambio no haría sino causarnos a ambas problemas e incomodidades. Lo único seguro es, a pesar de mis vanos temores, continuar siendo yo misma, ya que así mi compañera se colmará pasado más o menos tiempo y las dos tendremos más poder para superar todos nuestros contratiempos juntas... Pero si mi segundo yo se fortaleciera, probablemente no tendría la capacidad para combatirlo y acabaría por derrotarme y relevarme. No sé si seré capaz de soportar su ataque ni por cuanto tiempo; tampoco sé si podré aguantar el tormento que me provoca tener esta botella formando siempre parte de mí. Lo único de lo que ahora estoy segura es de que no había estado tan bien desde hacía mucho tiempo y que yo sólo quiero que mi situación vaya a mejor y que no se derrame de nuevo toda nuestra agua.”

5 nov. 2009

La Pequeña Gran Civilización

Idea original: Theill



Ésta es la historia de unos seres que han logrado establecerse clandestinamente en el mundo actual, tras varias décadas conservando su identidad y manteniéndose a salvo de los fenómenos extraños que se han ido dando en los últimos tiempos –como el reciente descubrimiento del ser humano–.
El grupo habita en una enorme cueva que les hace las veces de refugio cuando se acerca alguna amenaza. La caverna se sitúa en mitad de un bosque gigantesco, aún desconocido para ellos debido a los grandes riesgos que su exploración conllevaría: incluso enviando a los expedicionarios a una travesía corta con abundantes suministros, las eventualidades que podrían encontrar son desconocidas.
Sin embargo, hubo un día un intrépido explorador que quiso desafiar los peligros de aquel bosque. Y así, con más valor que convicción, se introdujo en la oscura espesura. Tras una jornada de incesante marcha, trepó a la copa de un colorido árbol para descansar relajadamente y mantenerse a salvo de cualquier incidente.
Pero cuál fue su sorpresa cuando alzó la vista al horizonte y divisó una criatura majestuosa de proporciones descomunales: el ser humano. El asustado joven tomó rápidamente el camino de vuelta a su hogar y alertó a sus congéneres. Éstos, impresionados, no podían creer lo que su maravillado y atemorizado compañero acababa de ver. En seguida, el grupo se reunió y, entre todos, constituyeron un pequeño equipo de reconocimiento que partió a las pocas horas.
Durante los días siguientes, todos los habitantes se dedicaron a ampliar y mejorar las medidas de seguridad mientras esperaban noticias del grupo de batidores. Nadie sabía con certeza cuánto podría durar la expedición ni cuánto peligro entrañaba.
Y entonces una tarde, de repente, el cielo se nubló y fuera de la cueva una fuerte lluvia comenzó a caer precipitadamente, inundando el bosque del exterior hasta llegar a penetrar por la abertura que tenían por entrada. El protocolo que siguieron fue el usual en casos como éste: antes de que el agua alcanzase el piso inferior, todos se guarecieron en los niveles superiores a esperar a que la tormenta amainase.
Varias horas después el clima se calmó, aunque no los corazones de los habitantes, revueltos por el más que probable destino de aquellos valientes que habían arriesgado sus vidas por el afán de buscar un mayor conocimiento del mundo del exterior.
Los siguientes días transcurrieron con normalidad, aunque con un incesante miedo palpitando en sus corazones: la angustia por la falta de noticias de los rastreadores que partieron hacía más de una semana flotaba en el ambiente y la esperanza de que aún siguiesen vivos era prácticamente nula.
Y en efecto, al poco se les dieron por muertos. Convencidos por un creciente pesimismo de que no regresarían, celebraron otra reunión para decidir qué hacer. Discutieron durante horas intentando tomar una resolución que no parecía querer llegar. Y ocurrió entonces algo que nadie esperaba.
Un compañero se les acercaba en condiciones deplorables: la túnica de fibra de hojas que vestía se encontraba notablemente deslucida y el cinturón, del mismo material, no corrió mejor suerte. Aquel desafortunado era uno de los miembros de la búsqueda, pero a pesar de la magnífica noticia que suponía para todos su llegada, pronto se torno ésta en desgracia: el resto de sus compañeros se hallaban en grave peligro y sin garantías de sobrevivir. Los infames seres humanos habían canalizado todo su poder hacia ellos en forma de agua desde el cielo –impedirán bajo cualquier concepto que logremos alcanzar su guarida–.
Entre los pequeños seres se respiraban la inseguridad y la tensión propias de aquella situación; no podían permitir que el despotismo de los humanos prevaleciera y que su superior ventaja física les diese libertad para aniquilar su raza. Por consiguiente, después de deliberar detenidamente y aceptar las consecuencias que sus próximos actos conllevarían tanto para ellos como para las personas, no encontraron más que una única solución: preparar una ofensiva definitiva, concibiendo un buen ataque como la mejor defensa.
Todos participamos directamente en la terrible acometida: los lanceros afilan sus temibles astillas de madera; el osado escuadrón de jinetes de hormigas aguarda el momento de la espectacular carga; las catapultas se acumulan en la entrada de la guarida; los arietes se encuentran preparados... Hemos permanecido ciegos hasta este momento, pero ahora conocemos la verdad y estamos concienciados para hundir el reinado de maldad e injusticia con el que nos han sometido durante tanto tiempo.
Todo marchaba hasta el momento según lo esperado. Pero entonces nos dimos cuenta del grave error que habíamos cometido: no supimos darnos cuenta de que tan sólo estábamos siendo un juego para ellos. Tan pronto lanzamos nuestro ataque fuimos sorprendidos por una enorme bestia salvaje que atendía las órdenes del poderoso enemigo.
Se trataba de una gigantesca y violenta criatura de color oscuro, espalda redondeada y unas patas picudas que le proporcionaban la capacidad de escalar rápidamente cualquier superficie. Su arma más letal, sin embargo, era el demoníaco cuerno con el que segaba las vidas de mis queridos compañeros...
Días más tarde he llegado a la conclusión de que soy el único superviviente de este devastador ataque. Yo era un jinete de hormiga del escuadrón alfa que logró escapar de aquella bestia inmunda, pero ahora... Este acto no quedará impune...