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22 oct. 2009

El Crimen

-Hola, agente. ¿Está llevando un buen día?
-No te hagas el simpático conmigo, chaval. Te haces una idea de por qué estás aquí, ¿verdad?
-Refrésqueme la memoria.
-Intento de asesinato en primer grado.
-Yo no he matado a nadie.
-Por suerte para ti, no. Pero estás jodido, ¿lo sabes?
-No entiendo el motivo.
-No te hagas el tonto. Sabes muy bien lo que has hecho.
-No he hecho nada.
-Lo pretendiste y con eso es suficiente.
-A nadie le dan una medalla por intentar alcanzar el podio.
-¿Te sientes mejor haciéndote el graciosillo después del crimen que quisiste perpetrar anoche?
-No.
-Entonces será mejor que evites ese tipo de comentarios. Mi objetivo es ayudarte, pero necesito tu total colaboración.
-Muy bien... ¿Qué debo hacer, señor agente?
-Para empezar, deja de emplear ese tono de voz.
-Si quiere, me callo.
-Si no vas a cooperar, mejor así.
-Está bien. Escucharé lo que tenga que decirme y después me marcho. No soy culpable de nada.
-Prestarás atención a todo lo que yo diga y seguirás al pie de la letra mis instrucciones. En caso contrario, si prefieres salir por esa puerta, acabarás tarde o temprano cumpliendo tu destino.
-Está bien. Usted hable y yo decidiré qué quiero hacer.
-En primer lugar, reconoce lo que sucedió ayer.
-¿Por qué?
-Porque sabes que es verdad.
-Y si lo fuera, ¿qué?
-Intentaría ayudarte.
-Muy bien, es cierto: intenté cometer ese asesinato.
-¿Por qué?
-Porque odio a ese imbécil.
-Y ¿a qué se debe eso?
-Es todo lo contrario del tipo de persona que a mí me gusta.
-Y supongo que eso es causa suficiente para pretender matar a alguien, ¿verdad?
-No.
-¿Entonces?
-Entonces, ¿qué?
-Entonces... dame una buena razón para haberlo hecho.
-No lo sé. Simplemente no me gusta cómo es.
-De acuerdo, quedas libre de condena.
-¿Me está tomando el pelo?
-Lo mismo podría haberte preguntado yo a ti cuando me has explicado tu motivo para matar. ¿Acaso no sería mucho mejor que te esforzases por aceptarlo tal y como es?
-Sí, pero también es mucho más difícil.
-No lo pongo en duda, pero ¿no te han enseñado nunca que jamás se debe tomar el camino más sencillo y que en el esfuerzo personal se halla la auténtica virtud?
-Por supuesto que me han enseñado tales verdades, pero una cosa es conocerlas y otra bien distinta, llevarlas a la práctica.
-En efecto, y es ahí donde se demuestra tu verdadera fuerza de voluntad y tu valía como persona.
-Ya. Sin embargo, no confío en él, y eso me origina un sentimiento de rechazo que no puedo combatir simplemente con fuerza de voluntad.
-Y ¿por qué no confías en él?
-No creo en él como persona porque no tiene cualidades para ser alguien en la vida; no es nadie y nunca lo será. Por eso, aunque batallase contra mis ganas de matarlo, éstas serían más poderosas que yo y me derrotarían: fracasaría e intentaría hacerlo de nuevo... Yo por mí mismo tengo pocas probabilidades de terminar con ésto.
-Exacto. Y me alegra que lo admitas, porque ahí es donde entro yo: no estás sólo, nunca; me tienes a mí, un profesional; y tras esa puerta se encuentran muchas otras personas que están también dispuestas a ayudarte en cualquier asunto y bajo cualquier concepto: tus amigos y tu familia siempre permanecerán a tu lado. Pero para que ellos puedan ofrecerte su apoyo, primero debes permitir que te lo proporcionen.
-Lo sé, pero... aún así... dudo que sea capaz de vencer a mis ganas de acabar con él.
-Si quieres y te lo propones, podrás hacerlo; requerirá mucho esfuerzo y supondrá una gran dificultad, pero te puedo afirmar con total seguridad que, si realmente quieres y de verdad te lo propones, saldrás adelante, paso a paso... Y cuando eso suceda, habrás logrado evadirte del suicidio, conseguido aceptarte a ti mismo, aprendido a confiar en ti como persona y sabrás creer en tus posibilidades y en el enorme valor de tus capacidades.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. He borrado un comentario mio del 4 de noviembre de 2009, sea ya tarde o temprano, creo que es mejor que los lectores descubran los secretos de tus relatos por ellos mismos.

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