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30 jul. 2009

El Horrible Crimen De Villa Espatomario

-Bienvenidos a todos. Nos hemos reunido aquí los cinco para averiguar quien ha sido el causante del horrible crimen que anoche acaeció en esta mansión. Comenzaré, pues, con las preguntas.
“Señora Espatomario, ¿dónde estuvo usted anoche cuando la víctima fue asesinada con un cuchillo de carnicero sobre las 22 horas, 41 minutos y 5 segundos, aproximadamente?”
-A esas horas yo estaba en el dormitorio “poniéndome cómoda” y esperando a que el carnicero, Yordeperruno Tarcajanda, llegase a mi habitación.
-Muy bien, ¿y usted, señor mayordomo Rimpanuco? ¿Qué hacía usted a esa hora?
-Oh... pues a esa hora yo estaba viendo como el señor Tarcajanda, pues, asesinaba al señor Espatomario, el esposo de la señora, y pues, estaba esperando a que él me diera después el cuchillo para yo, pues, esconderlo en el armario donde usted lo encontró esta mañana.
-Genial, muy bien, excelente. ¿Y usted, señor Tarcajanda, qué hacía a esa hora?
-Bueno, yo estaba simplemente asesinando al señor Espatomario.
-Excelente, excelente, muy bien. Creo que nos estamos aproximando a la solución de este enigma. Y usted, señor Espatomario, ¿dónde estaba anoche a la hora y el momento antes mencionados?



-Su silencio es revelador, señor Espatomario... Espero más colaboración por su parte, así que le daré otra oportunidad: ¿dónde se encontraba usted cuando la víctima fue asesinada con un cuchillo de carnicero sobre las 22 horas, 41 minutos y 5 segundos?



-Muy bien, señor Espatomario, tendré en consideración su silencio.
“Bien, continuemos con la rueda de preguntas. Señora Espatomario, ¿cuándo se dio cuenta de que su marido estaba muerto? Y ¿qué estuvo usted haciendo hasta entonces?”
-Bueno... realmente, yo en ningún momento descubrí que mi esposo se hallaba fallecido, ya que, cuando ocurrió el crimen, yo ya sabía que mi marido estaba muerto...; es decir, puesto que fui yo quien planeó el asesinato para quedarme con toda su herencia, mansión incluida, no llegué a descubrir que él la había diñado, porque yo ya conocía de antemano el hecho de que mi amante, el carnicero Yordeperruno, iba a acabar con él.
-Entiendo... y respecto de la otra pregunta ¿qué tiene usted que contestar, señora Espatomario?
-¿Qué estuve yo haciendo hasta el momento de descubrir que mi marido estaba muerto? Bueno, pues teniendo en cuenta lo que ya he aclarado antes, desde que mi amante, Yordeperruno, viniese a mi habitación, hasta que bajamos a la cocina para traer a mi esposo muerto hasta este sofá en el que ahora está recostado junto a nosotros, lo que estuve, o mejor dicho, estuvimos haciendo fue, digámoslo así, aliviar las tensiones que suelen derivar de un reciente plan de asesinato conjunto: Yordeperruno y yo nos dimos un buen revolcón en la habitación de matrimonio donde nos solíamos acostar mi ex-marido y yo y después echamos otro polvo en la mesa de la cocina que había al lado de donde se encontraba anteriormente el cadáver.
“Tras esto, cogimos el cuerpo ensangrentado y, dejando el gran rastro granate por suelo y escaleras que usted ya ha visto, lo bajamos hasta aquí con la ayuda de nuestro mayordomo Rimpanuco. Luego, después de dormir unas cuantas horas, fue cuando lo llamamos pidiéndole que viniera, señor detective.”
-Entiendo... Muy bien, muy bien, excelente... Y usted, señor Rimpanuco, ¿cuándo descubrió el cadáver y qué hizo hasta entonces?
-Pues yo lo descubrí en el preciso instante en que veía, pues, cómo el señor carnicero Tarcajanda, pues, le clavaba quince veces el puñal en el pecho, una en cada ojo y tres en sus testículos y miembro viril, pues. Y en los momentos previos al asesinato, pues, yo hablaba distraídamente con mi señor y el carnicero Tarcajanda, mientras le sujetaba, pues, a éste el arma del crimen antes de llevar a cabo su encomienda.
-Genial, genial, muy bien... Y usted, señor Tarcajanda, las mismas preguntas.
-Pues yo descubrí que el señor Espatomario había muerto cuando noté que dejaba de respirar y que su corazón paraba de latir a causa de una de mis puñaladas – la sexta, creo recordar. Respecto a los momentos anteriores al terrible accidente, corroboro lo que ha dicho mi compinche de asesinato, el mayordomo Rimpanuco.
-Muy bien, muy bien. Excelente... ¿Qué tiene usted que decir, señor Espatomario?



-Silencio de nuevo, ¿eh? Muy bien, muy bien, tomaré nota, señor Espatomario...



Muy bien, muy bien, excelente... Después de analizar con máxima atención cada detalle y cada explicación de las que ustedes me han dado, he alcanzado una conclusión...
“Tras mucho meditar y cavilar acerca de este horrible crimen acontecido en la mansión de los señores Espatomario, he concluido que... este asesinato no es asesinato, sino suicidio.”
“Lamento haberles dado esta noticia, señora, señores; pero, al mismo tiempo, me alegro y me enorgullezco de haber sido capaz de resolver este complicado caso.”
“Y bien, señor Espatomario, si no tiene nada que decir, le dejo aquí descansar en paz junto a los cuerpos ahorcados de su esposa, mayordomo, carnicero y el mío propio.”
-Sin problema, señor detective, yo me encargo de cavar las tumbas para ustedes.

25 jul. 2009

Diálogo entre un espíritu y un niño

-Hola.
-Hola. ¿Quién eres?
-Soy un espíritu.
-¿En serio? Qué guay...
-Sí...



-Y... bueno... ¿qué tal?
-Bien. Bueno... un poco muerto... pero bien...
-Ahmm... Joder... Y ¿qué se siente estando muerto?
-Pues... es algo raro. No sé... Me siento un poco vacío a veces.
-Vaya... Lo siento...
-Oh, no pasa nada. Ya estoy acostumbrado.
-¿Sí? Bueno... eso está bien...
-Sí...



-Oye... y ¿cómo es la vida de un muerto?
-Pues... normal... No es nada del otro mundo...
-Ahmm... Y ¿es divertido ser un espíritu?
-Bueno... No mucho... La mayor parte del tiempo estoy muerto de aburrimiento...
-Oh... vaya...
-Sí...
-Bueno, pero teniendo un sueño eterno, al menos estarás descansado, supongo...
-No te creas... La verdad es que me muero del sueño... No puedo descansar en paz...
-Ahmm... ¿Y eso?
-Como soy un espíritu, estoy todo el día vagando de un lado para otro sin poder dormir...
-Ahmm... Entonces... ¿lo que se pone en las lápidas es mentira...?
-Sí... Bueno... no. No... Realmente el cuerpo sí descansa en paz, pero yo soy un espíritu...
-Ahmm... Claro... Pero, de todas formas, tú no necesitas descansar...
-¿Lo dices porque soy un espíritu?
-Sí.
-No te creas... Un poquito de descanso nunca viene mal...
-Ya... Para desconectar de la vida y eso...
-Sí... Y para recuperar energías también... Y para mantenerme en forma... ya sabes: estar fresco y eso...
-Ahmm... Ya... Claro... Está bien...
-Sí...
-Oye, y... los espíritus... ¿qué coméis...?
-Oh... No comemos...
-Ahmm... Pero para estar en forma, hace falta llevar una dieta equilibrada, ¿no...?
-Oh, bueno, sí... Pero eso es para el cuerpo... Yo soy inmaterial. Ya sabes, por lo de ser un espíritu y eso...
-Ahmm... claro...
-Yo sólo necesito mantener en forma mi espíritu...
-Ahmm...



-Oye...
-¿Sí?
-Voy a matarte...
-¡Hala! ¿Sí? ¿Y eso...?
-No sé...
-Ahmm...
-... Bueno... Lo siento...
-Oh... no pasa nada... Pero... ¿tienes que hacerlo ahora...?
-Sí... bueno, no... Pero lo prefiero...
-Ahmm... Claro...
-Sí...



-Pues nada... Cuando quieras...
-Pues... ya...